jueves, 3 de noviembre de 2011

El Papel de los Sindicatos en la Lucha por la Liberación Nacional- Agustin Tosco

19. de septiembre de 1970 
TEXTO DE LA CONFERENCIA PRONUNCIADA POR AGUSTIN TOSCO EN LA FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD NA CIONAL DEL LITORAL A INVITACION DEL CENTRO DE ESTUDIANTES DE DERECHO. 

“Antes que nada quiero agradecer al Centro de Estudiantes d Derecho de la Universidad Nacional del Litoral, la invitación formulada para expresar nuestros puntos de vista, nuestras opiniones, ante los estudiantes santafesinos, y ante los compañeros y compañeras trabajadores que han acudido a esta reunión.
El tema propuesto para esbozar nuestro pensamiento y fijar nuestra posición es: “El papel de los sindicatos en la lucha por la Liberación Nacional”. Entendemos que es muy importante debatir este problema en estos momentos, y debatirlo no reduciendo nuestras conclusiones a procesos puramente imaginativos o abstractos, sino ligándolo directamente con el proceso histórico reciente y con el futuro de luchas que deberá afrontar nuestro pueblo en busca de la liberación.
Ha surgido en distintos lugares el concepto de que los sindicatos son un apéndice del sistema que nosotros combatimos y queremos cambiar. Esta afirmación debe ser perfectamente aclarada.
Los sindicatos históricamente, no son el apéndice del sistema, sino que nacieron como respuesta a la explotación de un mundo eminentemente liberal. Las organizaciones sindicales fueron prohibidas, sus militantes perseguidos y encarcelados so pretexto de que conspiraban contra la libertad de trabajo, contra el libre juego de la oferta y la demanda, contra la libre iniciativa, y toda la historia de estas luchas del movimiento obrero organizándose se llama: “sindicalismo”. Está teñida de sangre, de sacrificios, porque estas instituciones del movimiento obrero eran lo que expresaban las luchas por las reivindicaciones de carácter particular y general de los trabajadores.
Ahora bien, el sistema evidentemente pretende transformarlos, usando a sus dirigentes traidores, para ponerlos a su servicio llevando en sí a toda la masa trabajadora. Eso es verdad, pero es completamente distinto que los sindicatos sean un apéndice del sistema como para que debamos renegar de ellos y dejar que sean usados por el sistema para frenar las luchas del sindicalismo. Si analizamos el proceso que se inicia el 28 de junio de 1966 con la usurpación del poder por parte de la dictadura militar de Onganía designada por los monopolios yankis, veremos que hay una gran lucha en el mundo sindical y que los sindicatos usados por los sindicalistas participacionistas se ponen al servicio de Onganía y de la dictadura, pero los sindicatos cuyas direcciones representaban los auténticos intereses del movimiento obrero, fueron puestos en la lucha contra la dictadura, por la Justicia Social y la Liberación Nacional. Cuando en Córdoba asume el Dr. Ferrer Deheza, delegado de Onganía y de Martínez Paz, y cuando cae en la lucha obrero estudiantil Santiago Pampillón en el mes de septiembre de 1966, el movimiento obrero cordobés, la CGT de Córdoba, declara un paro, ya en esa fecha, contra la política reaccionaria. No es que Onganía, ni Ferrer Deheza, ni Martínez Paz quisieran dejar actuar a los sindicatos, pero es que los sindicatos que luchan no se mantienen porque el sistema se lo permite, sino porque tienen una fuerza propia y de apoyo general que les da una vigencia que no depende del sistema, porque tontos serían o ingenuos al menos, los usurpadores de poder si permitieran por su buena voluntad la existencia de todos los sindicatos de Córdoba, y de distintos sindicatos en el orden nacional que organizaran la lucha contra la dictadura.
Claro que la cuestión es de hombres y de relación de fuerzas porque el proceso de domesticación no parte de la dictadura en sí, sino de la predisposición de los tránsfugas del sindicalismo que habitualmente se alían y hacen componendas con los detentadores del poder para obtener status, nivel muy particular en el cual creen haber realizado su destino como hombres. Todo lo cual significa grandes sillones, mujeres, etc., o sea la corrupción en la lucha política y en la lucha sindical que aliados al poder y a las patronales determinan que esas instituciones no cumplan el rol fundamental que deben cumplir. Pero si recordamos la heroica lucha que libraron los trabajadores y los estudiantes a través de sus agrupaciones —pero principalmente y ajustándonos al tema que aquí nos toca, al de los trabajadores— diremos que la lucha de Tucumán, del norte de Santa Fe, los actos que se realizaron en Córdoba en el 2do. aniversario de la dictadura el 28 de junio de 1968, significaron una acumulación de rebeldía del pueblo contra el participacionismo y contra la dictadura. Rebeldía que no fue espontánea, que no surgió en un momento como una válvula de escape, sino que maduró permanentemente, desenmascarando a la política participacionista, luchando contra la congelación de los salarios, luchando contra la intervención a los sindicatos, luchando como lo hicieron los compañeros portuarios, como lucharon los compañeros ferroviarios, como se luchó el 1° de marzo de 1967 en que se cumplió un paro general de 24 horas en todo el país, que siguió a otro paro similar decretado y cumplido el 14 de diciembre de 1966 y la organización de un plan de lucha que comenzó el 22 de febrero de 1967, como así también se organizaron manifestaciones de trabajadores y estudiantes. El valor de los sindicatos estuvo dado en ese momento por la propia Dictadura, ya que cumplido el paro del 1° de marzo de 1967 intervino la Unión Ferroviaria, a Telefónicos, al Sindicato de Prensa, al de Químicos, etc.
Estas intervenciones nos indican que ellos consideraron que el sindicalismo tiene un valor y por eso, y por todos los medios tratan de tomarlo y de ponerlo a su servicio. Entonces nosotros nos preguntamos si es lógico dejar de luchar por la recuperación de los sindicatos y ponerlos al servicio del movimiento obrero o si la medida que debemos adoptar es que los sindicatos no sirven más ya, y hay que dejárselos a los participacionistas y al gobierno porque nosotros en esa escena, en ese campo no tenemos nada más que hacer. 

Nuestra lucha

En la lucha por la Liberación Nacional y la Justicia Social no podemos abandonar ningún terreno ni autoclandestinizarnos. Evidentemente le haríamos un gran favor a nuestros enemigos si dejamos de luchar por esos sindicatos; claro que si nos dejan cesantes, si nos intervienen, tendremos que optar por la clandestinidad o por lo que fuera necesario, pero la lucha debe librarse en todos los terrenos, porque de esa manera se acusa a quienes usufructúan de las organizaciones sindicales, instrumentos del movimiento obrero y del pueblo, para tratar de atenuar sus justas luchas.
Porque en la tarea concreta en la que vive diariamente el trabajador necesitamos de esa organización para resolver una serie de problemas. No podemos abandonar las convenciones colectivas, el cumplimiento de sus cláusulas y la vía más eficaz para llevarla adelante es la organización obrera. Porque entroncada con el concepto de Liberación Nacional sabemos como trabajadores que la lucha por su conquista es corriente, anónima y sacrificada corno heroica a su vez, que cada compañero que sale a la calle reivindicando un aumento de salarios, reivindicando que no le saquen el sábado inglés (como pasaba en Córdoba antes del cordobazo), que le reconozcan la antigüedad en el paso de una empresa a otra (como en Córdoba para igual fecha), que le reconozcan por igual trabajo igual remuneración, o que lucha contra las quitas zonales. Que esa lucha en particular ante el desconocimiento y avasallamiento de sus derechos es el proceso que hace a la acumulación de organización y fuerza y que desembocó en hechos heroicos como el cordobazo. Y nos preguntamos, antes del 29 y 30 de mayo de 1969, ¿por qué luchaban los obreros de Córdoba? , y vemos que lo hacían contra el Consejo Asesor de Caballero, que era un fraude a la voluntad del pueblo; luchaban porque no se quitara el sábado inglés que era una reducción del 9,1 % del salario mensual; luchaban por toda una serie de reivindicaciones específicas algunas ya enumeradas; luchaban por poder realizar sus asambleas, como cuando en el Córdoba Sport Club la policía las prohibía; luchaban para hacer sus actos frente a la CGT, que también eran prohibidos por la policía y todo ese proceso acumulativo debatido y resuelto en las asambleas y en el plenario de la CGT de Córdoba culminó o tuvo su evolución más alta cualitativa y masivamente el 29 y 30 de mayo.
No salieron espontáneamente nuestros compañeros, ni tampoco los estudiantes. El día 26 de mayo se realizó un plenario general luego de sucesivos paros y plenarios, en el que fijamos como moción particular del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba un paro general activo a partir de las 11 horas del 29 hasta las 11 horas del día 30. Esto era en la regional de la CGT que correspondía a la CGT de los Argentinos, y a su vez en la otra CGT, en la que estaban los compañeros Mecánicos, y otras series de organizaciones, se aprobó la misma medida por acuerdo previo.
Es entonces que cuando los compañeros salen de sus fábricas bajo las consignas reivindicativas levantadas por el movimiento obrero, organizados por las instituciones sindicales y se dirigen hacia el centro. Y es allí cuando nuevamente aparece la represión y cuando un disparo de arma calibre 45 mata al compañero Máximo Mena. Y entonces sí surgió la indignación. La lucha. El enfrentar a tantas injusticias, tantos atropellos, tantas arbitrariedades. Y el pueblo en la calle, que había debatido en sus sindicatos y resuelto en sus asambleas esa lucha, barrió con las fuerzas represivas y la dictadura tuvo que recurrir a su Ejército para poder enfrentar esa justa indignación popular que se expresaba en Córdoba, como se expresó más adelante en Rosario, en Chocón, en Perdriel, FIAT, etc. Entonces compañeros, decidimos que en nuestra lucha de trabajadores debíamos tomar todas las instancias y no dejarle al participacionismo y al dialoguismo la tranquilidad de usufructuar las organizaciones obreras para ponerlas al servicio de la reacción.
Es por eso que apelamos a las organizaciones sindicales, a compañeros delegados, a las agrupaciones combativas, para así canalizar la oposición al participacionismo y a la Dictadura, por ello las grandes consignas. 
¿Qué nos divide?
Recién viniendo de Córdoba, escuché que un neo-participacionista, el compañero Rucci, titular de la CGT  oficial, dijo en Salta que no debía considerarse probable la ejecución de un paro de 24 ó 48 horas, por que eso iba a contribuir a dividimos. Rucci, evidentemente estaba señalando públicamente la presión de que es objeto por parte de los dirigentes participacionistas, como Coria que ahora va a salir a hacer una gira para propagar esa ideología falsa y burda cual es el participacionismo.
Por eso decíamos que es necesario combatir en todos los frentes esta idea claudicante que en lugar de hacerse eco de las reivindicaciones que plantean los trabajadores se hacen eco de las presiones de los tránsfugas participacionistas que nos quieren mantener en la pasividad. Y desde todos los ángulos, desde las agrupaciones de base, desde los cuerpos de delegados, desde los sindicatos que están en lucha, desde el propio seno del Comité Central Confederal si es posible, hay que lanzar la respuesta a la Dictadura con un paro activo de 14 o de 36 hs para enfrentar a esos tres grandes enemigos que son el Imperialismo, la Dictadura y el Participacionismo. Si hiciéramos un análisis más profundo del proceso que vivimos, y tuviéramos que tomar nuevas referencias veríamos que los usurpadores del poder están empeñados en domesticar al Movimiento Obrero. Ellos tienen sus razones para tratar de disputar en ese terreno. Pero nosotros también tenemos nuestras razones para disputárselo. Y conste que hago todas estas afirmaciones y fijo esta posición desde un sindicato que está intervenido, ya que cualquiera podría pensar que cuidamos con estos conceptos un sillón o una titularidad de Secretario General. Pero nosotros hemos sido atacados por bandas armadas en nuestro sindicato; ha sido clausurado nuestro local por el Gobierno de Huerta, ha sido intervenido por Onganía, Imaz y San Sebastián. Pero a pesar de todo hemos constituido una verdadera agrupación de base que hemos denominado Dirección Sindical en la Resistencia que no deja de reivindicar que ese Sindicato de Luz y Fuerza es la construcción de los trabajadores y es de su propiedad en el sentido ideológico y que debemos rescatarlo para seguir con la misma línea de conducción que en su momento determinó la intervención. ¿Por qué vamos a dejar a esos usufructuarios del sistema que están en nuestro local, que prestan los servicios de turismo, de asistencia médica, de vivienda, etc., trabajar tranquilos y decir, que esos servicios, que ese edificio quede en manos del Capitán de Fragata Manuel Palacio y nosotros desaparecemos y hacemos otro tipo de lucha?
Hemos dicho que respetamos todas las opiniones que cada uno tenga, siempre que no sean fantasiosas, siempre que sean concretas y se demuestren en la práctica.
Nosotros como trabajadores ejercemos una opinión, que es la lucha desde el campo sindical, vinculándonos a todos los sectores que estén en la lucha. La nuestra es tan sacrificada y somos tan perseguidos y se nos amenaza tanto con atentados como a los demás. Simplemente decimos que no puede haber exclusivismos en esta lucha en que todos en mayor o menor medida tenemos algo que aportar en este proceso por la Liberación. 

Nuestro Pueblo

El Pueblo Argentino, ese que está en la calle, que trabaja todos los días, que está en los compañeros estudiantes con sus manifestaciones, con este tipo de conferencias, y que de estos modos están ejerciendo actos de lucha, están cumpliendo un compromiso concreto en la lucha por la Justicia Social y la Liberación Nacional.
Si ustedes vinieran aquí a escuchar que es necesario participar en la política de Levingston, que es necesario aceptar que los usurpadores del poder preparen un plan político con el cual defraudarían nuevamente al pueblo, entonces podrían decirnos que no estamos en la lucha. Pero la realidad es que todos ustedes y nosotros ejercemos desde aquí un acto concreto, un enfrentamiento, un proceso de concientización que no sabemos dónde va a terminar, si en la cárcel o en la muerte, porque a muchos les ha pasado así; pero que no va a terminar por que jamás hemos de renunciar a la denuncia de estos individuos que se sirven de las organizaciones de obreros para hacer los grandes fraudes, para entronizar en la conciencia de los obreros, en lugar de una conciencia de lucha, una conciencia de nihilismo y de frustración.
Desde estas posiciones nosotros convocamos a todas estas organizaciones que están en la lucha, sin exclusivismos y sin discriminaciones entendiendo que es el problema de la lucha por la Liberación del Pueblo, y no en particular por ningún sector. Entendiendo este concepto, hemos llamado a la reunión del 3 y 4 de octubre en la cual plantearemos un paro activo y un plan de lucha, y no será sólo un paro, puesto que con él sólo no habremos de cambiar la situación en que estamos. Es evidente que necesitamos de inmediato adoptar medidas como la de un paro activo nacional, pero a su vez debemos programar un plan de acción y un plan de lucha que nos lleve hacia un cambio en esta situación de dependencia que no acepta el movimiento obrero ni los demás sectores populares. 

El Participacionismo

El compañero Rucci, reconocido por Levingston, luego de la primera entrevista con éste, señaló que su respuesta no satisfacía al pueblo y que de inmediato iba a convocar al Comité Central Confederal para adoptar medidas por un aumento de salario, por la solución de los problemas de los jubilados y pensionados y por otra serie de problemas más. Claro que Rucci se rebajó no pidiendo el reemplazo del Ministro de Economía, bajando a la patronal la reivindicación del aumento del 40 % en los salarios, que tenía planteado el Movimiento Obrero a sólo un 26%.
Esto definió de entrada a estos “representantes” que mediante declaraciones rimbombantes como las que dieron hace unos días pretenden disfrazar su neo- participacionismo, su política al servicio de la conciliación y de la Dictadura. No fue necesario que Moyano Llerena se preocupara de mostrar estadísticas diciendo que no era el 40 %, ellos mismos claudicaron con un 26 %. Posteriormente y en forma inmediata iban a reunir al Comité Central, pero éste no se ha reunido hasta el presente. También dieron a conocer una solicitada publicada en “La Razón” del 20 de agosto en la cual declaraban su esperanza en la Dictadura y en el Sistema.
Nosotros no lo juzgamos tanto por estos puntos que han dado a conocer en esta declaración, sino por conceptos, por actitudes y conductas de toda una vida.
La declaración firmada por Barrionuevo y Rucci dice lo siguiente: “—Frente a este panorama cierto y admitido de las dificultades que tiene el movimiento obrero, cuando la CGT llegó al Sr. Presidente, tenía la esperanza de que conocidos los grandes problemas planteados y la justicia con que se reclamaba, la política salarial de activos o pasivos que debería fijar el gobierno constituiría el punto de partida para la revisión de una política económica liberal y de recesión que permitiera dinamizar la expansión y el desarrollo nacional, haciendo justicia a las necesidades reales e impostergables de los trabajadores. Promoviendo la plena ocupación, elevando el nivel de todos los sectores de nuestra sociedad y asegurando la paz social imprescindible que posibilite el reencuentro de todos los argentinos en torno a nuestras mejores tradiciones”.
O sea que Rucci creía que la Dictadura quería respetar los derechos de los trabajadores y del pueblo, como así también adoptar una política salarial de recuperación del poder adquisitivo perdido por los salarios de los compañeros y que quería la paz social para que nos reencontráramos todos los argentinos en un reencuentro de felicidad: los Otto Bemberg, los explotadores, los dueños de los grandes capitales, y nosotros los trabajadores, los desocupados, los perseguidos, los estudiantes a quienes les aplican el test maldito, los compañeros que no tienen ni siquiera para su salud, ni para su vivienda, a todos nos iba a juntar este presidente Levingston en la creencia de Rucci en un reencuentro feliz de todos los argentinos.
Esto es lo que combatimos por todos los medios, y planteamos que no es posible la conciliación, que esto es el comunitarismo, que esto es pretender estratificar la sociedad entre explotadores y explotados, entre patrones y asalariados, entre opulentos y hambrientos, que el Movimiento Obrero y el Pueblo rechazan, y que saben concientemente que mientras esos opulentos, esos reaccionarios, esos usurpadores tengan el poder no será posible corregir todas estas lacras, estas dificultades, estos padecimientos que sufre el Pueblo Argentino en sus distintos sectores. De ahí que no podamos confiar en esa declaración que han hecho —que también tiene sus conceptos ultrarreaccionarios, porque esto que se dijo en el punto 3 de la CGT en el que se habla que en el panorama político nacional debemos eliminar la influencia de los monopolios y decirles que vayan a desarrollar en nuestro país las zonas en que hay postergación, en que hay deformación estructural, es producto de una declaración demagógica de esos pseudorepresentantes de los trabajadores.
Y la lucha de los sindicatos, y la lucha de los estudiantes, está en ese proceso de concientizar que esos monopolios que nos explotan, que nos penetran día a día, que nos roban la riqueza nacional, que dominan la banca, las fuentes energéticas, el comercio exterior, no nos van a liberar jamás.
Si tuviéramos en función de esto que acudir a un informe que se realizó el Banco Mundial (que es la entidad crediticia de los monopolios) por parte de una personalidad que evidentemente no pertenece al Movimiento Obrero, como es el Sr. Lester Pearson, Primer Ministro del Canadá quién en dicho informe sobre América Latina decía que si los países en desarrollo logran mantener la actual tasa de crecimiento, cuadruplicarán su ingreso por habitante en un plazo de 60 a 70 años y con estos alcanzarán el nivel de vida de los países modernos de la Europa Occidental. Agrega el informe que mientras tanto sigue creciendo la tasa de natalidad y siguen sin solución los problemas del desarrollo y las relaciones de cambio con el mundo industrial se mantienen en un proceso de decadencia, ya que actualmente el volumen del comercio exterior de los países dependientes es casi la cuarta parte de lo que era 25 años atrás.
De ahí es que lo que nosotros necesitamos concientizar es que el proceso de Liberación implica liberarnos de las imposiciones de los monopolios extranjeros, de los créditos y de la “ayuda” que nos proporciona el Banco Mundial, de la estabilidad monetaria que nos impone el F.M.I., de las “ayudas” de desarrollo social que nos hace el Banco Interamericano de Desarrollo, etc.
Esos son nuestros principales enemigos, que han sido denunciados por la Federaciones Económicas de Tucumán, Capital Federal y Córdoba, que señalan que este proceso que han reinstaurado Moyano Llerena y Levingston, es exactamente igual al iniciado el 13 de marzo de 1967 por Krieger Vasena y Onganía. Por eso nos planteamos si realmente el gobierno usurpador está preparando una salida institucional para el país, ya que la cuestión económica condiciona realmente el curso del proceso político. 

Para que todo siga igual

La Junta echó a Onganía, porque entendieron —a casi cuatro años del ejercicio arbitrario del poder—, que tenía desviaciones autocráticas y que su política no respondía a las tradiciones republicanas, representativa y federal de nuestro país. Y necesitaron cuatro años estos tres grandes electores para cambiarlo a este Onganía, que era tan valiente y tan duro y reemplazarlo por un presidente importado, miembro de la Junta Interamericana de Defensa, que ahora trata de esbozar un plan político inculcándonos el concepto de que el Pueblo podrá elegir y no tendrá que optar.
Nosotros, en la cuestión de las elecciones, consideramos que son un medio que puede ser útil o inútil, porque pueden expresar la Voluntad Popular como también un fraude y una trampa que la distorsionen. Todo depende del poder del pueblo y de la coyuntura histórica que se viva.
Pero evidentemente en este proceso de la Dictadura no podemos engañarnos, están preparando una salida electoral que signifique la continuidad de la “Revolución Argentina” y no la salida institucional del país, como claramente lo han dicho. Y para esto recurren a los aportes de los desertores y de los oportunistas, a los Lucco y a los Sapag, a los Trilla, a los Asef y a los Leandro Fernández, para constituir un nuevo partido que de un aval a los sectores militares que usurparon el poder, a las grandes jerarquías militares que van a recibir instrucciones del Pentágono, como recientemente el General Lanusse, para quedar bien ante la Historia. Ellos que pusieron el glorioso sable de San Martín al servicio de los monopolios y del imperialismo internacional del dinero y de la reacción interior para aplastar al Pueblo, para amordazarlo y para que en definitiva pueda ser canalizado por una supuesta salida política que no va a significar otra cosa que la continuidad de este sistema.
De ahí que vinculando nuevamente el proceso político a la política económica que se traza, nosotros vemos que no hay ningún tipo de distinción entre aquella devaluación del 13 de marzo de 1967 y ésta de julio de 1970, convalidadas ambas por el F.M.I., porque sus efectos caen sobre el Pueblo Argentino sobre los sectores con intereses nacionales. Hoy sentimos protestar a las federaciones económicas, a la Federación Agraria Argentina, vemos a los transportistas de cargas decretar un paro de 24 hs., y vemos a toda una serie de instituciones profesionales pronunciarse y tomando medidas de algún tipo —porque la perspectiva que existe en el país es absolutamente negativa—.
Los únicos que no toman medidas, los únicos que plantean que nos vamos a dividir si hacemos un paro ya que somos los más castigados, son los que nos “represen tan” a nosotros que hemos padecido una devaluación del 14,3 % que incide en los precios de los artículos de uso y de consumo, y que han querido compensar con un 7 % de aumento y un futuro 6 % de aumento selectivo que regirá a partir del 1° de enero de 1971.
Además cuando Levingston habló recientemente para la RAI definió cual es el propósito de la dictadura y cual es su concepto de nacionalismo. El periodista de la RAI le preguntó cuál será la forma política institucional. El Sr. Levingston le respondió que “en general existe un nacionalismo superficial que normalmente procura a través de un aislamiento económico, impulsado por un patriotismo intransigente, hallar las soluciones”. Y agrega luego que “este tipo de nacionalismo resulta inconveniente en todos los planos, pero también existe un nacionalismo razonado y profundo que es aquel que se interesa realmente por los elementos que hacen a la esencia del ser nacional y a las condiciones que caracterizan la autodeterminación para el ejercicio pleno del país”.
—Y aquí viene la definición abiertamente imperialista— “que su nacionalismo razonado y profundo, —culto abierto y de elite—, no sólo no rechaza la colaboración internacional, sino que crea normalmente el clima propicio para las empresas internacionales”. “O sea que se suman las voluntades y los esfuerzos de las naciones que tienen intereses comunes como EE.UU., Alemania Federal, Inglaterra, Francia, etcétera”. (O los grandes monopolios radicados en esa metrópolis). —Y esto lo dijo el Presidente, este militar que así confirma su dependencia con el Pentágono, al servicio de la reacción.
Cómo podemos creer entonces que esté preparando una salida institucional en la que el pueblo va a determinar, una política antagónica a esta, ya que habrá de ser Nacional, Popular y Anti-imperialista. Es entonces que vemos que ellos trazan una política económica y un plan político en el cual se respalda y se defiende ese plan económico.
De ahí compañeros que nuestra misión fundamental como trabajadores, como estudiantes, como profesionales, como sacerdotes progresistas, como fuerzas populares, es desenmascarar toda esta política, o sea accionar en todos los terrenos para lograr la Liberación, porque ya sabemos lo que nos da y nos ha dado históricamente el imperialismo.
Históricamente nos ha dejado una red ferroviaria y vial en forma de abanico, que ha provocado una macrocefalia en Buenos Aires, o sea en el puerto de los exportadores y los importadores, y la postergación y la incomunicación de todo el país. En la actualidad nos roba las empresas nacionales, nos transforma las empresas estatales en sociedades mixtas, evitando así que jueguen un papel de resorte de la promoción económica, a diferencia de casi todos los países en que el proceso de estatización es cada vez mayor. Y así vemos a sus representantes encaramados en el poder dictando “leyes” por las cuales YPF, YCF, etc. deben entregar el 49 % de su patrimonio para seguir la política que le imponen quienes han de adquirir el paquete accionario, que no es el Pueblo Argentino precisamente.
Entonces vemos una vez más que el proceso a que está sometido nuestro país es el de la división internacional del trabajo, que significa penetración y sometimiento de acuerdo a los dictados y a los intereses del imperialismo. Ese imperialismo que no nos va a desarrollar nunca, esos monopolios que a pesar de lo que afirma Frondizi no van a proceder a sacamos del subdesarrollo y a lanzarnos a un desarrollo autosostenido, ese imperialismo que sólo quiere mantenernos en un nivel de mercado consumidor y no en el de un mercado productor competitivo.
Y todo esto porque ellos necesitan seguir invirtiendo un dólar para llevarse tres o cuatro como sugieren las estadísticas de la CEPAL o de la UN, para así poder mantener su abastecimiento bélico para oprimir a los pueblos que luchan por su Liberación, como luchamos nosotros, los pueblos latinoamericanos y todos los Pueblos del Tercer Mundo.
Evidentemente que en nuestro terreno debemos luchar, por nosotros mismos, por el respeto que nos merecemos y por la solidaridad que merecen quienes luchan contra el imperialismo y sumamos a esta fuerza que inexorablemente saldrá adelante pese a las dificultades que nos toca padecer. 
¿Para que sirve el diálogo?
Y entonces, ¿podemos hacernos ilusiones por el diálogo de Levingston con los ex presidentes? Nosotros nos preguntamos: ¿Pero si las Fuerzas Armadas, si Onganía y Levingston los echaron, para qué los llaman ahora? Es realmente un absurdo en el terreno del sentido común, pero no lo es en el terreno político. Porque el hombre que ha ido a conversar, el Sr. Frondizi, pretende reeditar aquel 23 de febrero de 1958, en que con un programa más o menos popular logró el apoyo del Pueblo, para luego traicionarlo, movilizando a los compañeros bancarios, a los compañeros petroleros, a los compañeros ferroviarios, etc. Allí está una vez más hablando del desarrollo que nos darán los grandes monopolios petroleros, el Sr. Rockefeller y la Standard Oil, a quienes debemos dar aún más garantías y privilegios de los que ya tienen, para sus futuras inversiones. Y también lo vemos dialogando con Levingston al compañero Tacone, del Sindicato de Luz y Fuerza de la Capital Federal, quien desde la revista “Dinamis” levantó el concepto de la “expectativa esperanzada”, ese concepto que expresaba que habían caducado todas las expresiones de nuestro Pueblo y que el camino que debíamos recorrer era el de participar de la política de la Dictadura.
Y ahí está el compañero Prado, que cuando en el Congreso de Luz y Fuerza le planteamos en la oportunidad en que Krieger Vasena representaba a los grandes monopolios, a los intereses internacionales, ese compañero dijo en pleno Congreso: “No, pero Krieger Vasena ha cambiado, es otra cosa, ahora piensa distinto”. Esos compañeros y esos políticos son los que trabajan en la complicidad con el sistema, sistema que nosotros compañeros, trabajadores, estudiantes tenemos que cambiar. Porque es claro que sufrimos en carne propia y por medidas de carácter inmediato una carestía de la vida que nos impide satisfacer ya incluso el rubro de la alimentación que ocupa hasta un 70 % dentro del presupuesto familiar. No hablemos de la indumentaria, y menos del problema de la salud o el problema de la vivienda, el de la educación y capacitación, y el del esparcimiento.
Nosotros necesitamos cambiar las estructuras de opresión y las estructuras de injusticia. Necesitamos combatir a estos factores que generan estas lacras sociales; que postergan a nuestro país, que lo alejan cada vez más —según también lo muestran las estadísticas— de los niveles de vida de los países desarrollados. ¿Cuál es la perspectiva entonces en Argentina? ¿Cuál es la perspectiva de los Sindicatos? Es lo que decíamos al principio, el régimen, el sistema trata de aplastarlos, usará de estos dirigentes claudicantes participacionistas, para decirnos que no hagamos un paro porque “nos vamos a dividir”.
Pero ¿qué problema de división hay en la base de movimiento obrero? ¿O es que no todos reclaman el aumento de sueldos del 40 %? ¿Algún compañero puede considerar que eso es una arbitrariedad? ¿Algún compañero puede considerar que es arbitrariedad reclamar la reapertura y la creación de nuevas fuentes de trabajo para superar el flagelo de la desocupación? ¿Algún compañero jubilado o pensionado puede decir que es arbitrariedad reclamar un sustancial aumento de remuneraciones para los mismos, la aplicación del 82 % para los jubilados y el 75 % para los pensionados? Creemos que estos compañeros, en particular los jubilados y los pensionados, no han de sentir el problema de la división del movimiento obrero.
El Capitán de Navío Manrique —otro de estos que suben al vagón para no perder el tren porque cree que va a llegar a destino— en su alocución donde lloraba el triste destino de los compañeros jubilados y pensionados, donde se condolía de los viejitos que iban a las colas y que cobraban con uno o dos bimestres de atraso, dijo que no podía hacer más, que las deudas de las cajas eran tremen das y dio las estadísticas —en eso tuvo un cierto grado de honestidad, producto de las denuncias permanentes de los compañeros jubilados y pensionados—, y dio cifras dramáticas en números y habló de la condición en que se encuentran tantos hombres y mujeres, que dieron su vida al servicio de la patria, del esfuerzo nacional de una vida mejor y que hoy deben padecer. Señaló que 346.545 personas recibían menos de quince mil pesos mensuales, que casi otro tanto percibe $ 20.000 y que el 76,7 % de todos los jubilados y pensionados (en cifras iguales a 1.061.297 personas) percibe menos de $ 30.000 mensuales. A esta gente, a estos compañeros que han sido nuestros padres, nuestras madres, a esos que han construido lo único que tiene el país o que le ha quedado después del saqueo de los monopolios, a esos compañeros les dio un aumento del 14% al 10%, para colmo un aumento decreciente. Del 14 % al 20 % a aquellos que estaban peor, esos ganan menos de $15.000 y abajo del 10 % a aquellos que no llegan a $ 30.000.
Y esos compañeros, más los compañeros que tienen que tener dos trabajos, los compañeros que tienen medio trabajo, más los desocupados; a esos ¿qué problema les hace la supuesta división del movimiento obrero? La división está generada por esa repartija que hicieron en el Congreso de Azopardo recientemente concluido, se “normalizó” la CGT. Allí hubo 400 o 500 delegados los cuales estuvieron esperando durante dos días en la calle Chacabuco en el local de la Sociedad Gallega, a que Coria, a que Peralta, a que Rucci, etc. resolvieran cuál iba a ser la dirección de la CGT, cuál iba a ser el programa de la CGT. Pero no se habló de paro, ni se habló de plan de lucha. Pero no se habló de programa. Se dijo tanto para los participacionistas, tanto para los 62 disidentes, tanto para los 62 leales, tanto para los 62 autónomos. Se iban y se peleaban y volvían al congreso. Coria amenazó con retirarse si no se resolvían estos problemas. Y esto casi todos Uds. lo han leído (pero es necesario refrescarlo, para no confundirse) si es que en realidad los programas que se lanzan, las cosas que se dicen realmente tienen una base de convicción, una base de identificación con la lucha del pueblo o son declaraciones oportunistas, son declaraciones denominadas válvulas de escape a los efectos de tratar que por todos los medios los compañeros digan: “Bueno, ahí Rucci dijo algo más o menos, . . .Y estas declaraciones no están en creer que Rucci, Peralta o Coria son capaces de llevarlas adelante, sino lograr la institución que canalice en verdad la lucha del movimiento obrero. Por eso decimos que tampoco debemos dejar a esta dirección de la CGT tranquila para que se mueva en este esquema participacionista y nos trate de asustar con que nos vamos a dividir si hacemos un paro. El pueblo y el movimiento obrero, luchando en alianza con lo demás sectores populares tienen que lograr que la CGT sea realmente la representación auténtica del movimiento obrero, realmente la representación de la voluntad soberana del pueblo, realmente la representación de las reivindicaciones que nosotros planteamos permanentemente... 

El tutelaje de los militares

Volviendo a esta política que se ha trazado el Sr. Levingston para lograr la consolidación de su plan económico, vemos que para conformar a un supuesto espíritu o ansiedad electoralista, también designó a un Subsecretariado del Interior de Asuntos Políticos, el Sr. Gilardi Novaro. Este hombre se reúne con los desertores de los movimientos populares para considerar cuál es el plan político, cómo va a ser el estatuto político, qué grado de intervención tendrán las FF.AA. en este proceso. Y nosotros vemos que reiteradamente se nos ha dicho, se nos ha impuesto esto (que muchos compañeros en distinto grado lo asimilaron) que el sindicalismo debe dedicarse a una función específicamente gremial. Que los Centros Estudiantiles o las agrupaciones estudiantiles deben dedicarse a los problemas específicamente estudiantiles: el mimeógrafo, los apuntes, el comedor, etc. Pero resulta que toda esa doctrina, esa filosofía de lo específicamente gremial, esa filosofía de lo específicamente estudiantil, ellos no la aplican. Por qué el Sr. Onganía, Teniente General del Ejército Argentino, el Almirante Gnavi, el Sr. Levingston General de Brigada del Ejército Argentino o el Brigadier Rey, no están en el Ejército, en los cuarteles, ni están en la Marina, ni están en la aviación cumpliendo con sus funciones específicas. Ellos salieron de sus funciones específicas que son las de defender la soberana voluntad del pueblo contra la agresión exterior. Se encaramaron en el poder y dictan toda una política en la cual nos encuadraron a nosotros, en la cual encuadran a todo el país y no se limitan a su función específica.
Ellos entonces hacen una política de este tipo: tratan de hacernos creer a la mayoría del pueblo, que a los trabajadores, los estudiantes y demás sectores populares, deben simplemente participar de estos planes que hacen los genios, los tutores que están en la Casa Rosada. Nosotros, han dicho ellos, que no tenemos la suficiente madurez cívica para que haya una participación más o menos abierta. O sea, “Ellos nos tienen que enseñar y tenemos que aprender a madurar”. .. Todo lo que dice Levingston del nacionalismo, señalando que es superficial e inconveniente, no es cierto; no es superficial y si es inconveniente, lo es para los monopolios. Porque pretende rescatar para el país lo que ha producido el propio país y planificar la economía para ponerla al servicio del pueblo, porque aquí no existe la política económica liberal (el liberalismo también ha sido superado) aquí existe un dirigismo económico que es el que nos imponen los monopolios y el Banco Mundial. Cuando el gobierno solicita un préstamo al Banco Mundial, como sucede por ejemplo con los Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires, SEGBA, que pide 90 millones de dólares y que no vienen para que se haga libre juego de la oferta y la demanda. Esos 90 millones de dólares vienen para una determinada inversión y con una serie de cláusulas en el contrato de préstamo en el cual incluso se fija el valor de la tarifa. Dónde se va a invertir y no se puede invertir en otro lado que no sea en el área que establece el Banco Mundial. De ahí que eso que se usa para luchar contra los liberales ya es anacrónico como anacrónico es el liberalismo. Nosotros estamos bajo la política monopólica perfectamente organizada y dirigida desde las metrópolis imperialistas, y no debemos transformar el libre juego de la oferta y la demanda en un dirigismo estatista como los Alzogaray siempre impugnan. Y debemos transformar el dirigismo de los monopolios, la explotación de los monopolios, las condiciones que nos impone el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el fondo Monetario Internacional en las condiciones que determinemos los argentinos según nuestros interés, desvinculados de todo interés externo. Es una cosa que muchas veces los propios empresarios dicen, que hay que seguir con esta política de competencia tradicional. Aquí no hay más competencia, aquí todo está regulado por esa tremenda sociedad imperialista, que nos mantiene en el subconsumo, en el subdesarrollo y nosotros debemos cambiar esa política del dirigismo exterior, de la intervención exterior, por nuestra propia política elaborada por los Argentinos. 

Unidad en la lucha

De ahí que también constituya algo esencial de todos los sectores del pueblo, el unirse y trabajar en forma conjunta con identidad de objetivos contra esa política imperialista. Unirse, no en el concepto de que cada uno deje de pensar en sus matices o en sus particularidades, que a cada uno deje de gustarle el color que le gusta. Nosotros creemos que hay que unirse llevando en el corazón o en la conciencia esos aspectos particulares, pero llevando en el programa y en la acción los objetivos fundamentales que van a hacer a la liberación nacional. Y damos un ejemplo que lo hemos vivido, porque todo lo que sabemos nosotros lo sacamos de nuestra propia experiencia y de las conclusiones que nos determina esa experiencia. Nosotros ponemos como ejemplo de esa unidad del pueblo contra la opresión, contra el comunitarismo, contra el corporativismo, lo que en particular vimos y vivimos en Córdoba el 29 y 30 de mayo. Todo el pueblo de Córdoba salió a la calle y cuando era agredido respondía a la agresión. Cuando cayeron bajo las balas o fueron a la prisión, ninguno se diferenciaba en ser radical, peronista, cristiano o marxista. Todos luchaban igual, todos eran reprimidos igual, todos fueron a la cárcel igual, y ahí estaba la unidad en la lucha, que es lo que nosotros señalamos. Tenemos que terminar con los exclusivismos que nos dividen. Tenemos que tratar de forjar la unidad con el respeto que se merece el hombre que tiene un concepto, que tiene una idea. Pero si nos preguntamos entre todos cualquiera sean nuestras diferencias si estamos o no de acuerdo en la nacionalización de la Banca, si estamos o no de acuerdo en que el comercio exterior esté regido por los argentinos, si estamos o no de acuerdo que sea el pueblo quien determine la conducción económica del país, veremos que sí estamos todos de acuerdo. Y por eso es por lo que tenemos que trabajar nosotros y por eso se nos combate. Porque cuando se adquieren conceptos exclusivistas no se es tan combatido, incluso hasta les devuelven los sindicatos o usan de los sindicatos para plantear conceptos exclusivistas. Porque se combate a quienes levantan la bandera de la unidad, no la unidad de los Frondizi, de los Sapag, de los Lucco, de los Leandro Fernández o de los Imbant, sino de los trabajadores cualquier idea que tengan, de los estudiantes —piensen como piensen—, la unidad de los profesionales, de las fuerzas económicas nacionales pequeñas y medianas, de los sacerdotes progresistas, esa UNIDAD. Ellos quieren una unidad de traidores, de quienes se prestan al fraude, de quienes facilitan la continuidad institucional disfrazada de consenso popular de la Revolución Argentina y nosotros la unidad de movimiento obrero con sindicatos o sin ellos. La unidad en la calle de los estudiantes con todos esos sectores que sufren la agresión del imperialismo; la intromisión en la vida interna Argentina, la explotación de todos los recursos naturales y humanos. Es difícil la tarea, es sacrificada y tal vez sea larga por eso es tan importante, por eso es tan combativa, por eso muchas veces se exacerban los criterios partidarios, por eso muchas veces se apela a cosas que son subsidiarias o secundarias para enfrentarnos unos a los otros. Lo posible realmente es que en vez de ponemos cada uno nuestra camiseta particular nos pongamos la gran camiseta Argentina que es la que está perdiendo el partido en esta oportunidad. De ahí compañeros que nosotros insistamos mucho en esta tarea que es común de todos. Que no la hace un compañero que viene a hacer un discurso o que viene a hacer una exposición. Esta es una tarea fundamental de cada compañero en su lugar de trabajo, de cada compañero estudiante que está en la facultad, que aprendamos de una vez por todas (porque eso es lo fundamental si tenemos los mismos problemas, si nos planteamos los mismos objetivos) a limar las diferencias. La unidad del pueblo argentino es lo fundamental y es la única posibilidad que nos dará a nosotros una perspectiva a breve plazo. No queremos ser un coro de lamentos de los problemas que padecemos, mientras peleamos nuestras pequeñas diferencias. Queremos unir toda la fuerza de argentinos y de patriotas para luchar contra la opresión, para luchar contra los monopolios, para luchar por nuestra liberación. Sólo será posible si todos somos conscientes de que no saldremos adelante si no sumamos nuestras fuerzas. Si no tomamos conciencia de eso mucho más doloroso y mucho más distante estará el día en que nosotros podamos realmente decidir y construir a nuestro propio país. Cuando sepamos unirnos con esos que son nuestros grandes objetivos superando en la unidad de acción, en la unidad en la lucha las diferencias que todavía en alguna medida implican una falta de productividad del esfuerzo común nacional, habremos dado el paso más importante en la lucha por la liberación. No es tan importante un manifiesto como una reunión con la conciencia general del pueblo de que todos debemos darnos ese brazo, sumamos, no disputar liderazgos ni hegemonías, ser tal vez los últimos en la cola pero “pechando”, como se dice, que a eso estamos dispuestos nosotros los que combatimos el régimen, los que somos intervenidos, los que nos amenazan de muerte. Nosotros exhortamos y en el plenario sindical nacional que haremos en Buenos Aires trataremos por todos los medios de lanzar esta convocatoria. No construyendo una nueva CGT, un nuevo nucleamiento sino lanzando esa exhortación a la unidad desde las bases, desde los sindicatos combativos, desde los cuerpos de delegados, combatiendo y centrando el fuego en esos tres grandes enemigos que tenemos todos, que como decíamos y lo repetimos porque es necesario absoluta claridad en ese aspecto: el imperialismo internacional del dinero, la dictadura usurpadora y los tránsfugas del participacionismo. Combatiremos a la vez a esos que están al servicio de nuestra frustración que quieren impedir nuestra liberación como seres humanos y nuestra liberación como patria Argentina, combatiremos a esos y levantaremos esas consignas de soluciones inmediatas a los problemas que hacen al movimiento obrero y al estudiantado. Porque también es luchar por la liberación, luchar contra la explotación de quienes nos pagan salarios miserables, de quienes crean obras sociales para que Coria las administre mientras los compañeros ponen un porcentaje de sus salarios y no les prestan la asistencia médica necesaria. No nos van a regalar nada. Tendremos que sufrir una serie de riesgos, tendremos que padecer la opresión. No queda otro camino, los pueblos que se han liberado, se han liberado a través del sacrificio heroico y la constancia y la paciencia de sus habitantes que querían vivir en dignidad. Y los argentinos como decíamos recién no hemos de constituir un coro de lamentos porque aumentan los precios, porque nos penetran los imperialistas, porque no nos dejan hablar de política, porque no podemos hacer esto o aquello. Tenemos que accionar. Esa respuesta es la que debemos dar como pueblo argentino. Concientizar, accionar, unirse y así pasando las horas, los días, lograremos construir el país que no ha de ser una factoría del imperialismo sino una patria con libertad, con justicia y con Soberanía Popular.
  
AGUSTIN TOSCO                                    

Fuente: www.agustintosco.com.ar/         

jueves, 27 de octubre de 2011

LOS TORTURADORES Y EL SISTEMA (fragmento)

Por Osvaldo Bayer en el periódico de la Asociación Madres de plaza de Mayo.
N°15 . octubre de 2004.

Es como si fuera un resumen del mundo occidental y cristiano en que vivimos. Todos los últimos días lee en la tapa de los diarios cómo los maestros de nuestra democracia y nuestra economía globalizada, torturan. Que es el oficio más cobarde de la historia. Los militares, policías y civiles que torturan son los seres más serviles y  degenerados de la humanidad.  Sí, los tenemos en nuestro mundo, en nuestra civilización. El prisionero entregado a los más cobardes y enfermos usos de originar el más inimaginable ejercicio del dolor y la impotencia.  Los argentinos fuimos un país celebre por las torturas. Aquel genocida Roca, de uniforme y espada al cinto, al cual reverenciamos con monumentos y nombres de calles en todas nuestras ciudades y pueblos. En todas y todos. Fuel más sádico de nuestros héroes. El comandante Prado describe cómo a los indios prisioneros primero se los estaqueaba y luego se los descoyuntaba. Todo ante la mirada impasible de nuestro general por excelencia. Argentino hasta la médula. Héroe e ídolo de los argentinos. Julio Argentino Roca. Y después ya fue una tradición. Las palizas a los manifestantes obreros que solicitaban las ocho horas de trabajo fueron la línea conducta del coronel Ramon L. Falcón, jefe de policía. Con palos, sablazos y tiros. Esos eran los argumentos de los gobiernos argentinos, las palabras para continuar con la injusticia de la explotación. Pero los argentinos somos piadosos, porque para el torturador y asesino que comandaba las huestes policiales les reservamos el augusto derecho de que los jóvenes oficiales de la policía se “eduquen” en la Escuela de la Policía Federal Ramón L. Falcón.  El teniente coronel Varela- oficial preferido del radical Hipólito Yrigoyen- hacia azotar a sablazos con extrema servicia a los peones presos, antes de fusilarlos.  Y bien, ya después se desató la angurria por torturar al más débil.
El teniente general Uriburu, presidente de la Republica por la mano de Dios y por la cobardía de la ciudadanía argentina, va a recibir todos los premios, la bendición de los obispos, cuando va a jurar por la Republica. Un vulgar delincuente, un degenerado de lo peor, con la banda presidencia argentina y todavía hoy tiene su monumento en Tandil que los ciudadanos tandileños veneran.
El comisario Lugones, un degenerado total, inmortalizo un invento nacional: la picana eléctrica. La perfección de la cultura. Es el instrumento pérfido que más duele pero no deja rastros. Invento argentino. Y todo va seguir su curso. Podríamos llenar la página con nombres de picaneros de uniforme. Elijamos al azar dos, por ejemplo, Lombilla y Amoresano, perfeccionistas de la picana en tiempos de Perón, que huirán y serán empleados por Stroessner, la mala persona uruguaya. Los intelectuales peronistas cuando sepan que he nombrado a estos dos técnicos infalibles de la picana del primer y segundo gobierno de Perón me van a calificar rápidamente de “gorila”, claro cuando todavía ninguno de ellos ha hecho la autocritica sobre la figura de López Rega.
Y todo seguirá peor, después de Lombilla y Amoresano, las carcales de Aramburu que culminara con la ignominia de la Operación Masacre y Lanusse después con Trelew que nos llevará paso a paso a Lopez Rega y a su reino y de ahí ya al soñado infierno uniformado de la desaparición de personas. Donde se juntan todos los delirios asesinos.
Pero las Madres.
Cuando uno lee los testimonios abandona su fe en el destino humano.
Los militares argentinos- muchos de los cuales están en actividad- llegaron a torturar embarazadas. Y después el peor final: les quitaban los niños inmediatamente después del nacimiento. Lo más sagrado de la esencia humana pisoteada  por la bota del general o del coronel. Hubo hasta médicos militares y policiales que se prestaron a eso.
Pero, las Madres. Marcharon con todo el peligro de la represión. En sus manos se veía su nobleza. Defendian a sus hijos torturados hasta la eternidad. Pongamos las imágenes de los las Madres enfrente de los torturadores. Ahí está la diferencia, que no va a poder ser eliminada por los siglos de los siglos. Lo profundamente humano y generoso frente a lo bestial.

Texto completo en el libro Ventana a la Plaza de Mayo de Osvaldo Bayer.

jueves, 20 de octubre de 2011

17 de octubre de 1945




Texto de Raúl Scalabrini Ortiz
"Es increíble y hasta admirable el poder de persuaden y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de octubre de 1945, el coronel Perón fue destituido y encarcelado. El país azorado se enteraba de que el asesor de la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con la ignominia de su propio nombre. El Ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio Iturbe, director de los Ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de un personero. El Ministerio de Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de la Cade, entidad financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos kilovatios.
"La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.
"Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recurso de las frases con que hace muchos años nos estigmatizó al escritor Kasimir Edschmidt. "Nada es durable en este continente, había escrito. Cuando tienen dictaduras, quieren democracias. Cuando tienen democracia, buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón, lo hubieran aniquilado".
"Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El desaliento húmedo y rastrero caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso, porque nuestro pueblo era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo de mi tierra que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la realidad.
"Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pingües, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.
"Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajidos y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.
"Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón."
(En Hechos e Ideas, febrero 1946.)

jueves, 13 de octubre de 2011

Cinco siglos de Prohibición del arcoiris en el cielo americano- Eduardo Galeano


El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.
Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.
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El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.
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El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.
De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.) Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir ek nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.
Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?
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Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.
El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.
En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.
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Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.
La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugiso comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.
El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.
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El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:
-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento.
Y canta lo que le cuenta la neblina:
-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.
Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:
-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.
Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice: Dejo de cantar y me enfermo. Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío?
El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demas instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.
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Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo.
El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:
-Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
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Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración: para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas.
América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.
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Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana.
El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de kis indios araucanos por su libertad: Son más indómitos, lo que quiere decir: animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.
El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.
Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.
El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.
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El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.
En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada: los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación. En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú: su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.
Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vivio de la rebelión se transmite por los genes.
Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso, ¿merece mejor suerte? La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas. Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca: son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se autodesprecia.
Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos supieran que existía. Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo.
Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo: ¿Qué es un hombre en el camino? Tiempo.
Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano: como la tierra, como la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.
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¿Civilización? La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.
No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado: Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás escuchada? Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial:
¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo? Porque son holgazanes.
¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara? Porque los salvajes no tienen vergüenza.
¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de rqueza? Porque son más parientes del mono que del hombre.
¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición.
¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son incapaces de castigo ni doctrina.
¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces? Por influencia de Satán o por pura estupidez.
¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer? Porque son incapaces de dominar sus instintos.
¿Aman cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original.
¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna? Porque viven en la antesala del infierno.
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En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:
-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?
El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades? La América precilombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.
En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.
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En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo:
-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.
Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.
Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.
En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos:
-No somos una tribu -aseguró el general.
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Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.
Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime a los hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menos. ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.
Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.
Es sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.
¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las películas del Fas West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.
Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi.
La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.
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A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.
Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios.
Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental. Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia.
En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico: las religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de histeria.
Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros no tienen ideas religiosas.
En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana: a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.
Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las agus dulces, fue la Virgen de la Candelaria...
Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas ls demás: en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano. Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo una vez:
-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.
Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.
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La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias.Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así: la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia raciasl consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos:
-Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad.
Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos todavía.
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Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia:
-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen.
Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa.
La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.
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El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitmente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.
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Hace algun tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:
-Es el oprimido el que descubre al opresor.
Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.
Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.
¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=6037

jueves, 6 de octubre de 2011

Carta despedida del Che a Fidel

"Tu amor revolucionario
Te conduce a nueva empresa,
Donde espera la firmeza
De tu brazo libertario".

Habana
"Año de la Agricultura"
Fidel:
Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.
Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo, que es ya es mío.
Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del partido, de mi puesto de ministro, de mi grado de comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.
Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios. Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor; aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como su hijo: eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas. Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario




Fuente: http://www.patriagrande.net/cuba/ernesto.che.guevara/cartas/carta.a.fidel.htm

jueves, 29 de septiembre de 2011

Carta a Vicky y Carta a mis Amigos

Antes de pegarse un tiro, Vicky Walsh acuño la frase "ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir". Vaya decisión la de la de la muchacha, que eligió evitar el calvario que le esperaba si las fuerzas militares lograban secuestrarla aquella mañana del 29 de septiembre de 1976. Historias mínimas que se repitieron en muchos.
Tras conocer la noticia, su padre, Rodolfo Walsh,  le escribe una carta.
En Carta a Vicky, Walsh vuelca su dolor pero también su orgullo.
En Carta a mis Amigos, Walsh cuenta como fueron los hechos el día de la muerte de Vicky, reconstruidos por el testimonio de un militar que participó de la operación.
Compartimos estas dos cartas porque creemos que llevan un valor afectivo pero tambien histórico de un hombre que uso la palabra como medio para la lucha y la denuncia.


Carta a Vicky 
Querida Vicki.
La noticia de tu muerte me llegó hoy a las tres de la tarde. Estábamos en reunión... cuando empezaron a transmitir el comunicado. Escuché tu nombre, mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico. No terminé ese gesto. El mundo estuvo parado ese segundo. Después les dije a Mariana y a Pablo: -Era mi hija. Suspendí la reunión. Estoy aturdido. Muchas veces lo temía. Pensaba que era excesiva suerte, no ser golpeado, cuando tantos otros son golpeados.
Si, tuve miedo por vos, como vos tuviste miedo por mí, aunque no lo decíamos. Ahora el miedo es aflicción. Se muy bien por qué cosas has vivido, combatido. Estoy orgulloso de esas cosas.
Me quisiste, te quise. El día que te mataron cumpliste 26 años. Los últimos fueron muy duros para vos. Me gustaría verte sonreír una vez más. No podré despedirme, vos sabés por qué.
Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizá te envidio, querida mía.
5/10. Hablé con tu mamá. Está orgullosa en su dolor, segura de haber entendido tu corta, dura, maravillosa vida. Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad.
Hoy en el tren un hombre decía: -Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año. Hablaba por él, pero también por mí.


Carta a mis Amigos
Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.

El comunicado del Ejército que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos. Efectivamente, Vicki era oficial 2° de la Organización Montoneros, responsable de la prensa sindical, y su nombre de guerra era Hilda. Efectivamente estaba reunida ese día con cuatro miembros de la Secretaría Política que combatieron y murieron como ella.

La forma en que ingresó a Montoneros no la conozco en detalle. A los 22 años, edad de su posible ingreso, se distinguía por decisiones firmes y claras. Por esa época comenzó a trabajar en el diario "La Opinión" y en un tiempo muy breve se convirtió en periodista. El periodismo en sí no le interesaba. Sus compañeros la eligieron delegada sindical. Cómo tal debió enfrentar en un conflicto difícil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdió y cuando Timerman empezó a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidió licencia y no volvió más.

Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fue detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después. El último año de vida de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda satisfacción individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía más desvaída. En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarIos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical que era su responsabilidad.

Nos veíamos una vez por semana, cada quince días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizá diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio. Presentíamos, sin embargo que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el último, y nos despedíamos simulando valor, consolándonos de la anticipada pérdida.

Mi hija no estaba dispuesta a entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era no hablar, sino caer. Llevaba siempre encima una pastilla de cianuro, la misma con que se mató nuestro amigo Paco Urondo, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.

El 28 de setiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quién dejada. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes.
A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político, Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja.

He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amanecido, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto.

"El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba. Nos llamó la atención la muchacha porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía."
He tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella, aunque conociera su manejo por las clases de instrucción. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.

A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego. "De pronto, dice el soldado, hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo.
'Ustedes no nos matan' dijo el hombre 'nosotros elegimos morir'. Entonces se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros."

Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró dos granadas. Después entraron los oficiales. Encontraron a una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.

En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota de lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella: vivió para otros, y esos otros son millones.

Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy yo quien renace de ella.
Esto es lo que quería decir a mis amigos y lo que desearía de ellos es que lo transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.

Rodolfo Walsh, diciembre de 1976
Fuente: La Fogata, Recordando a Vicki Walsh, a 29 años de su caída en combate

jueves, 22 de septiembre de 2011

El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular

Roberto Arlt
de "Aguafuertes Porteñas"

Ensalzaré con esmero al benemérito "fiacún".
   Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicaré todas mis energías a hacer el elogio del "fiacún", a establecer el origen de la "fiaca", y a dejar determinados de modo matemático y preciso los alcances del término. Los futuros académicos argentinos me lo agradecerán, y yo habré tenido el placer de haberme muerto sabiendo que trescientos setenta y un años después me levantarán una estatua.
   No hay porteño, desde la Boca a Núñez, y desde Núñez a Corrales, que no haya dicho alguna vez:
   -¡Hoy estoy con "fiaca"!.
   De ello deducirán seguramente mis asiduos y entusiastas lectores que la "fiaca" expresa la intención de "tirarse a muerto", pero ello es un grave error.
   Confundir la "fiaca" con el acto de tirarse a muerto es lo mismo que confundir un asno con una cebra o un burro con un caballo.
   Exactamente lo mismo.
   Y sin embargo a primera vista parece que no. Pero es así. Sí, señores, es así. Y lo probaré amplia y rotundamente, de tal modo que no quedará duda alguna respecto a mis profundos conocimientos de filología lunfarda.
   Y no quedarán, porque esta palabra es auténticamente genovesa, es decir, una expresión corriente en el dialecto de la ciudad que tanto detestó el señor Dante Alighieri.
   La "fiaca" en el dialecto genovés expresa esto: "Desgarro físico originado por la falta de alimentación momentánea". Deseo de no hacer nada. Languidez. Sopor. Ganas de acostarse en una hamaca paraguaya durante un siglo. Deseos de dormir como los durmientes de Efeso durante ciento y pico de años.
   Sí, todas estas tentaciones son las que expresa la palabra mencionada. Y algunas más.
Comunicábame un distinguido erudito en estas materias, que los genoveses de la Boca cuando observaban que un párvulo bostezaba, decían: "Tiene la "fiaca" encima, tiene". Y de inmediato le recomendaban que comiera, que se alimentara.
   En la actualidad el gremio de almaceneros está compuesto en su mayoría por comerciantes ibéricos, pero hace quince y veinte años, la profesión del almacenero en Corrales, la Boca, Barracas, era desempeñada por italianos y casi todos ellos oriundos de Génova. En los mercados se observaba el mismo fenómeno. Todos los puesteros, carniceros, verduleros y otros mercaderes provenían de la "bella Italia" y sus dependientes eran muchachos argentinos, pero hijos de italianos. Y el término trascendió. Cruzó la tierra nativa, es decir, la Boca, y fue desparramándose con los repartos por todos los barrios. Lo mismo sucedió con la palabra "manyar" que es la derivación de la perfectamente italiana "mangiar la follia", o sea "darse cuenta".
   Curioso es el fenómeno, pero auténtico. Tan auténtico que más tarde prosperó este otro término que vale un Perú, y es el siguiente: "Hacer el rostro".
   ¿A qué no se imaginan ustedes lo que quiere decir "hacer el rostro"? Pues hacer el rostro, en genovés, expresa preparar la salsa con que se condimentarán los tallarines. Nuestros ladrones la han adoptado, y la aplican cuando después de cometer un robo hablan de algo que quedó afuera de la venta por sus condiciones inmejorables. Eso, lo que no pueden vender o utilizar momentáneamente, se llama el "rostro", es decir, la salsa, que equivale a manifestar: lo mejor para después, para cuando haya pasado el peligro.
   Volvamos con esmero al benemérito "fiacún".
   Establecido el valor del término, pasaremos a estudiar el sujeto a quien se aplica. Ustedes recordarán haber visto, y sobre todo cuando eran muchachos, a esos robustos ganapanes de quince años, de dos metros de altura, cara colorada como una manzana reineta, pantalones que dejaban descubierta una media tricolor, y medio zonzos y brutos.
   Esos muchachos era los que en todo juego intervenían para amargar la fiesta, hasta que un "chico", algún pibe bravo, los sopapeaba de lo lindo eliminándolos de la función. Bueno, estos grandotes que no hacían nada, que siempre cruzaban la calle mordiendo un pan y con gesto huído, estos "largos" que se pasaban la mañana sentados en una esquina o en el umbral del despacho de bebidas de un almacén, fueron los primitivos "fiacunes". A ellos se aplicó con singular acierto el término.
   Pero la fuerza de la costumbre lo hizo correr, y en pocos años el "fiacún" dejó de ser el muchacho grandote que termina por trabajar de carrero, para entrar como calificativo de la situación de todo individuo que se siente con pereza.
   Y, hoy, el "fiacún" es el hombre que momentáneamente no tiene ganas de trabajar. La palabra no encuadra una actitud definitiva como la de "squenún", sino que tiene una proyección transitoria, y relacionada con este otro acto. En toda oficina pública y privada, donde hay gente respetuosa de nuestro idioma y un empleado ve que su compañero bosteza, inmediatamente le pregunta:
   -¿Estás con "fiaca"?
   Aclaración. No debe confundirse este término con el de "tirarse a muerto", pues tirarse a muerto supone premeditación de no hacer algo, mientras que la "fiaca" excluye toda premeditación, elemento constituyente de la alevosía según los juristas. De modo que el "fiacún" al negarse a trabajar no obra con premeditación, sino instintivamente, lo cual lo hace digno de todo respeto.