viernes, 19 de agosto de 2011

Entrevista a Marcos Osatinsky (FAR), Mario Roberto Santucho (PRT-ERP), y Fernando Vaca Narvaja (Montoneros)
Revista Punto Final, Chile. 12 de noviembre de 1972.  

Sobre la matanza de Trelew, en Santiago de Chile, respuestas de Mario Roberto Santucho (PRT-ERP), Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja (Montoneros) al cuestionario que les presentó la revista chilena de izquierda Punto Final poco antes de que partieran hacia La Habana. Publicadas en la edición del 12 de noviembre de 1972.
¿Cómo se enteraron ustedes de la matanza de sus compañeros en la base aeronaval de Trelew? ¿Cuándo les llegó la noticia y cuál fue la reacción de ustedes?
Santucho: Primero nos llegó a través de los diarios y de la radio. Después, en la noche del 22, nos fue confirmada por el director de investigaciones, quien nos dio los nombres de los compañeros muertos. Está claro que la acción de la dictadura fue perfectamente consciente, planificada, pensada y selectiva, en el sentido de que se dirigió contra cuadros de nuestras organizaciones, contra compañeros que expresaban lo mejor de nuestro pueblo, la vanguardia revolucionaria del pueblo argentino. El enemigo conocía su capacidad, sus características. Por el temor irracional que siente ante la lucha revolucionaria, porque ve a los revolucionarios como su enterrador, fue llevado a esta acción, pese a que se tomaron todos los recaudos, a que se movilizaron sectores del pueblo en la Argentina, organizaciones de masa, sindicales, comisiones de solidaridad.
Una semana después, la dictadura se decidió por la eliminación física de estos compañeros. Porque tal es su temor a cada uno de estos combatientes revolucionarios que prefieren afrontar todas las consecuencias políticas en una acción de este tipo y no tener que enfrentar a un grupo de compañeros como los que asesinaron. En esto son coherentes con la situación de nuestro país desde que se estableció la dictadura militar de Onganía. Desde entonces se produce esta forma de violencia desesperada del partido militar, que se debate para mantener el capitalismo en la Argentina. Frente al embate de las masas, ha creado la situación de un ejercicio de la violencia permanente contra el pueblo argentino.
Ante eso, nuestro pueblo se ha movilizado también violentamente. Ha aceptado el desafío y se expresa tanto en las movilizaciones del conjunto del pueblo como en la existencia y desarrollo de nuestras organizaciones. El pueblo argentino aceptó llevar la lucha al terreno planteado por el enemigo, y lo hace masivamente y de manera organizada.
Esta dinámica irreversible ha de continuar desarrollándose en el doble terreno de la lucha armada y la lucha no armada de las masas. En este proceso se forjarán y crecerán las organizaciones guerrilleras, convirtiéndose en fuerzas poderosas. Apoyado sobre esta fuerza militar revolucionaria, nuestro pueblo terminará por derribar al partido militar, destruir el injusto sistema capitalista y establecer una perspectiva de felicidad para nuestro pueblo y de independencia para nuestra patria en el socialismo.
¿Podría informar cuáles eran las características de los compañeros asesinados en Trelew?
Santucho: Los compañeros pertenecían a un grupo seleccionado para salir. Eran los mejores compañeros. Al reducirse la perspectiva de sacar a todos, salen los compañeros más necesarios. De manera que esos diecinueve compañeros formaban el grupo de los más capaces, más experimentados y mejores que había en el penal.
¿Ustedes creen que la masacre es una represalia por la fuga?
Santucho: Efectivamente. Es un derivado de la fuga y una expresión de la desesperación de la dictadura ante su incapacidad para controlar a los revolucionarios.
¿Qué significado tiene para el futuro de la lucha revolucionaria argentina que tres organizaciones, dos peronistas y una marxista-leninista, se hayan unido en un operativo para escapar de Rawson?
Santucho: Sin duda refleja un aspecto muy importante del proceso revolucionario argentino, como es la tendencia a la unidad de las fuerzas revolucionarias. En nuestro país, la debilidad y la falta de profundidad del proceso revolucionario han caracterizado hasta ahora la lucha de liberación de nuestro pueblo. Esto se ha reflejado en alguna medida en la debilidad y fraccionamiento de las organizaciones revolucionarias. Esto ha sido una característica permanente de nuestro proceso en los últimos años. Bajo ese signo se comenzó a desarrollar la lucha armada en la Argentina, con multiplicidad de siglas, alrededor de ocho a diez, que combatían al mismo enemigo por separado.
Uno de los principios de la lucha revolucionaria es la unidad. La unidad de dirección, la unidad de organización, la centralización de las organizaciones revolucionarias. Con el desarrollo de la lucha en Argentina, se han ido dando condiciones, primero para un acercamiento y después para un estrechamiento de los lazos entre las distintas organizaciones revolucionarias que tienen ahora su expresión más elevada en esta acción de Rawson. Es importante señalar que esto ha sido un hito de la tendencia hacia la unificación de las organizaciones armadas.
Esto no es de ninguna manera casual ni circunstancial, es producto del estrechamiento de los vínculos entre nuestras organizaciones. En esto jugó un papel importante la convivencia en los penales de compañeros de distintas organizaciones, lo que ha permitido un conocimiento más amplio, una comprensión mayor de la unidad de objetivos y el comienzo de una discusión política muy rica. Ha dado, como uno de sus primeros resultados, la importante acción de Rawson. Antes se habían dado ya pasos fundamentales con la acción contra [el general Juan Carlos] Sánchez hecha por las FAR y el ERP. Ahora han sido tres organizaciones: dos peronistas y nuestra organización. Esto significa un paso más en el avance hacia la unificación.
¿Cuáles son las bases para la reunión de los revolucíonarios de las distintas organizaciones que actúan en la Argentina?
Santucho: Tenemos una convergencia en los aspectos fundamentales. Todas las organizaciones armadas
tenemos el mismo objetivo: la instauración del socialismo en nuestra patria. Asimismo, hay una convergencia de todas las organizaciones en la concepción de la lucha revolucionaria en el país, es decir, se coincide también en forma completa en cuanto a que la estrategia para tomar el poder en Argentina es una estrategia de guerra revolucionaria. El socialismo y la guerra revolucionaria son las bases para la unificación de las organizaciones armadas.
En este momento existe la certeza de que ustedes dentro de un rato viajarán a Cuba. ¿Cuáles son sus proyectos futuros?
Santucho: Bien, nosotros pensamos, primero que nada, saludar a los compañeros del pueblo cubano, al gobierno cubano, al compañero Fidel, a todos los compañeros revolucionarios de Cuba. Allí veremos cómo resolvemos los diversos problemas que tenemos, siempre, claro, en la perspectiva de continuar con más energías, si es posible, la lucha revolucionaria en nuestra patria.
Con respecto al pueblo chileno, queremos dejar un saludo y un agradecimiento de todos nosotros, especialmente para los centenares y miles de compañeros que salieron a la calle en ejercicio del internacionalismo proletario, con lo que hicieron posible la solución más favorable para los intereses de nuestra revolución, de la revolución argentina, que son también los intereses del pueblo revolucionario chileno, de la revolución chilena, y de la revolución latinoamericana.
Las FAR, como fuerzas armadas revolucionarias, son una organización que se ubica entre el peronismo de los Montoneros y el marxismo-leninismo del ERP. Desde ese punto de vista, ¿qué importancia le dan ustedes a la acción realizada?
Osatinski: Los revolucionarios acostumbramos hacer una evaluación de la correlación de fuerzas, para de ahí sacar conclusiones y marcarnos objetivos que permitan ir avanzando en nuestras estrategias para la toma del poder y la construcción del socialismo en nuestro país. La relación de fuerzas existente en nuestra sociedad marca un franco retroceso en las fuerzas enemigas, de las fuerzas del campo oligárquico-imperialista, y un franco avance de las fuerzas del pueblo.
Sin embargo, nuestro enemigo se mueve, tiene un margen de maniobra. Ese margen de maniobra no se da por contar con un apoyo político-social, se da por las debilidades del campo popular. Por eso es más concreto el planteo de la unidad. Por constituir las organizaciones armadas el germen del futuro ejército popular, por constituir las organizaciones armadas las organizaciones que con mayor claridad, en cuanto a sus objetivos políticos y en cuanto al método de lucha que emplean, los que se mostraron con mayor consecuencia, claridad y eficacia en cuanto a encontrar el camino para tomar el poder, es que esa debilidad del campo popular es la tarea fundamental de todos los revolucionarios argentinos, de todos los revolucionarios que se manejan dentro de la estrategia de la guerra popular y prolongada, de todos los revolucionarios que están participando en primera fila activamente en la lucha sin cuartel contra el enemigo de clase, en la lucha sin cuartel por denunciar y desenmascarar permanentemente al partido militar, fuerza de vanguardia dentro del campo del enemigo.
El enemigo tiene una vanguardia reconocida dentro de la clase dominante. Esa vanguardia del enemigo es el partido militar. Nosotros, por nuestra parte, estamos construyendo nuestra vanguardia, y esa tarea no es la tarea de una organización: es la tarea del conjunto de los revolucionarios. Todos los pasos que faciliten ese proceso de unidad seguramente se convertirán en un polo claro y concreto que ayudará a elevar la conciencia de esta necesidad y de esta posibilidad.
Nuestra experiencia en la fuga del penal de Rawson es muy significativa, pero un proceso de unidad no se basa únicamente en un método de lucha; esos avances de unidad tienen que tener todo un contenido ideológico, político y militar. Las dificultades que encontramos se van a ir subsanando en la medida en que todos hagamos de esta necesidad un acto consciente que facilite encontrar el método correcto para ir resolviendo las contradicciones entre nuestras organizaciones. Esa es la necesidad política del momento.
La masacre de los compañeros en Trelew es muy significativa, como siempre ha sucedido en nuestra historia, en nuestra patria y en los procesos revolucionarios de todos los pueblos del mundo; la rica sangre vertida por los mejores hijos del pueblo realmente es el abono más fértil que va marcando el camino. No es un simple derramamiento de sangre, porque está precedido por claros conceptos como los que enunció el compañero Pujadas en el aeropuerto, donde marca claramente, y sintetiza todo nuestro planteamiento hacia la unidad.
La marcha hacia la unidad es un proceso serio e irreversible, pero es un proceso complicado, complejo, donde juegan muchos factores, factores que hacen a las características del proceso revolucionario de nuestro país, condimentado por todas las particularidades de las fuerzas políticas que se mueven en nuestro país, condimentado con la historia propia de la formación de cada una de nuestras organizaciones.
Todos estamos subordinados a los intereses de la revolución, todos intentamos ser fieles intérpretes de la clase obrera y el pueblo, pero no siempre todos sabemos acertar la mejor forma, el mejor camino. No es suficiente ser abnegado en la lucha armada; es necesario, junto a eso, y teniendo al combate como base material fundamental de la práctica permanente, ir encontrando las respuestas políticas, las respuestas organizativas, las respuestas que faciliten la extensión de la guerra. La guerra revolucionaria es contra un enemigo. Los intereses de nuestra clase obrera, intereses que se entroncan con los intereses de los trabajadores de nuestro continente, de todos los continentes de todo el mundo, pero con las particularidades propias de nuestro país. Lo primero es marcar nuestras diferencias; ése es el proceso que se está conociendo, que se está aprendiendo. Segundo, a encontrar el método de análisis y el método que nos lleve a la práctica concreta para facilitar esos objetivos. Sólo eso va a permitir avanzar y va a permitir afianzarnos en los pasos que vamos dando, recoger todos los errores y aciertos, sintetizarlos y volcarlos a hacer participar a las masas en este proceso, y junto con ellas ir encontrando y resolviendo el problema.
¿Cómo han visto ustedes la actitud del pueblo chileno durante el tiempo que han permanecido aquí?
Osatinsky: Desde el primer instante hemos percibido la solidaridad del pueblo chileno y realmente, para nosotros, que por primera vez vivimos una situación de este tipo, ha sido emocionante. Emocionante, estimulante, sobre todo en los momentos de la masacre de Trelew. Es difícil expresar lo que uno siente en esa circunstancia. La decisión que adoptó el gobierno chileno no es una gracia particular de fulanos o menganos sino que interpretó el sentir del pueblo chileno.
Finalmente, queremos dejar un saludo combativo y fraternal, cariñoso, a todas las organizaciones que desde un primer instante nos hicieron llegar su solidaridad, como el MIR, la izquierda del Partido Socialista y la Izquierda Cristiana.
En la acción de Rawson participaron conjuntamente organizaciones peronistas como Montoneros, a la cual usted pertenece, y organizaciones no peronistas y marxista-leninistas como es el caso del ERP. ¿Se trata de una acción coyuntural para salir de la prisión o ustedes la toman como una tendencia a la unificación de las distintas organizaciones armadas que operan hoy en la Argentina?
Vaca Narvaja: Para descartar todo tipo de suspicacia en este tipo de operaciones, sobre todo teniendo en cuenta el movimiento peronista y los distintos sectores reformistas y traidores que en él están, queremos aclarar que esto no es una expresión táctica o coyuntural de las organizaciones armadas peronistas y no peronistas. El resultado de esta acción, políticamente, es un índice orientador de un camino hacia la formación de un ejército popular.
Nosotros creemos que hay una única vanguardia que va a dirigir el proceso revolucionario en Argentina, y que la formación de esa vanguardia, ese instrumento revolucionario que representa los intereses de la clase obrera, es tarea de los revolucionarios y es tarea fundamental y prioritaria de las organizaciones armadas que hoy militan en Argentina; entre ellas están las organizaciones revolucionarias no peronistas. La resolución de sus contradicciones, los métodos adecuados para llevarlos a la práctica es en este momento una de las tareas fundamentales, una de las necesidades de esta etapa del proceso revolucionario que podemos decir recién comienza.
En este contexto encuadra el que nosotros desarrollamos, y participamos activamente en la planificación y en la elaboración de esta operación. Creemos que tiene dos contenidos políticos: uno coyuntural, inmediato, que es la liberación de los prisioneros de guerra, de las distintas organizaciones revolucionarias; ése es el inmediato. El otro es mediato, y está regido por las diferencias políticas e ideológicas que en este momento nos separan. Diferencias políticas e ideológicas que son importantes y que radican en las distintas concepciones y caracterización del peronisno y del papel de Perón.
Creemos que esas diferencias que nosotros consideramos fundamentales y que se expresan en las distintas manifestaciones políticas que asumimos ante nuestro pueblo, tenemos que resolverlas como se resuelven las contradicciones en el seno del pueblo. Son contradicciones no antagónicas. Son contradicciones diferenciadas de nuestras contradicciones con nuestros enemigos. En ese contexto vamos a desarrollar nuestras tareas, nuestra acción conjunta, vamos a definir nuestra política de conjunto para superar esas contradicciones en función del proceso revolucionario y de acuerdo a las necesidades de la revolución en Argentina.
La experiencia nuestra de contacto, de convivencia, de trabajo y discusión que hemos realizado en las distintas cárceles de nuestro país, han ayudado en ese sentido. Las cárceles son, como decía Ho Chi-Minh, la primera escuela de un revolucionario. Esa es una gran verdad, porque la experiencia que vamos a recoger, a pesar de ser corta, va a significar un salto cualitativo en el proceso revolucionario argentino. Un salto cualitativo no sólo en el aparato, no sólo en cuestiones militares, sino también en lo político o ideológico, en la medida en que nos ha permitido profundizar nuestras concepciones políticas, enriquecerlas en la confrontación de las distintas ideas y comenzar a vislumbrar la forma correcta de llegar a acuerdos sólidos.
Esos son los dos aspectos que señalábamos. Uno es estratégico y el otro es táctico. Creemos que la forma correcta de superar nuestras contradicciones es llevarlas al seno de las masas. Llevarlas al pueblo, y fundamentalmente a la clase obrera. Y en ese contexto discutirlas y profundizarlas, y de allí extraer y aprender del pueblo. Es la forma en que nosotros vamos a asumir nuestras diferencias.
En lo coyuntural creemos que tenemos posiciones similares en cuanto al significado del GAN como un nuevo engaño al pueblo. Diferimos en cuanto a las perspectivas y posibilidades de salida para la clase dominante frente al GAN y diferimos fundamentalmente en la caracterización de Perón. En cambio podemos llegar a sostener, por ejemplo, un mismo programa económico, un mismo programa de reivindicaciones mínimas, con la conciencia de que nuestro pueblo lo manifiesta ya en sus movilizaciones y en sus luchas.
En el caso nuestro, de Montoneros, diferimos en la reivindicación de la candidatura de Perón. Creemos que eso sólo puede ser salvado en la práctica y en el trabajo en conjunto. Es la única manera de solucionar nuestras contradicciones. Es un trabajo arduo y complejo. Es un trabajo que no se extrae de un libro: surge de una teoría y de una práctica revolucionarias que están en desarrollo en nuestro país. En esa práctica con el pueblo podemos lograr una serie de acuerdos y la profundización de nuestra concepción.
Sin embargo, eso no sería posible si no partiéramos de un presupuesto mínimo fundamental, que es nuestra calidad de combatientes y nuestra concepción de revolucionarios. Si no hubiéramos profundizado nuestros objetivos comunes, como son lograr el socialismo, elaborar una estrategia de guerra revolucionaria, formar una vanguardia y caracterizar a nuestros enemigos, creemos que no podríamos haber logrado el nivel de discusión y de confrontación que ahora tenemos.
Por eso reivindicamos la experiencia de Rawson como uno de los hitos más importantes de nuestro proceso revolucionario. En ese sentido es que también reivindicamos los hechos de Trelew, tomamos plena conciencia de la responsabilidad que hemos asumido y de la responsabilidad que significa la entrega de diecinueve compañeros fusilados en Trelew.
¿Cuál fue la participación de Montoneros en la acción de Rawson y qué significado le atribuye usted a esa participación?
Vaca Narvaja: En primer lugar, esa operación se desarrolla con dos criterios militares. La operación en sí del rescate de prisioneros es una acción llevada a cabo, en su organización y planificación, por los tres comandos de prisioneros de guerra de las organizaciones que intervienen. La participación de Montoneros en esta operación no está impedida por ningún tipo de diferencias políticas. Se trataba de una operación que no creaba ningún tipo de expectativa falsa, sino que ofrece claramente la realidad del proceso entre las organizaciones peronistas y no peronistas.
La participación de Montoneros no se dio en forma física, como organización, por problemas de tipo material; en cambio, sí se dio en la participación activa durante la elaboración y concreción de la operación. La responsabilidad es común y similar en las tres organizaciones. Yo quería decir, además, que pensamos que la unificación de las organizaciones armadas argentinas es el único camino que deben recorrer las distintas fuerzas revolucionarias de la Argentina.
Anteriormente hablamos del problema de la unidad y de las características que esa unidad asumía en la Argentina en función de las diferencias políticas e ideológicas entre las organizaciones armadas peronistas y no peronistas. Nosotros hemos realizado una primera experiencia de unidad entre las organizaciones armadas peronistas. Nos dejó una serie de enseñanzas en cuanto a la necesidad de asumir frente a nuestro pueblo la responsabilidad que tenemos como embriones de una futura vanguardia revolucionaria. En ese sentido creo que es nuestro propio pueblo el que más claramente se manifestó y se expresó en esa necesidad de difusión de las organizaciones armadas.
Con los compañeros de las organizaciones armadas no peronistas se da un proceso más complejo, porque nuestras diferencias son más grandes, pero no se pueden dar desconectadas de ese proceso de difusión entre las organizaciones peronistas. Creemos que la unión entre las organizaciones armadas peronistas es más inmediata. Es más fácil recorrer con ellas un camino más corto porque nuestras diferencias son pequeñas, son menores; en cambio, nuestras diferencias con los compañeros del ERP son de mayor importancia política, pero creemos que en estos momentos ignorar estas diferencias, ignorar darse una política de conjunto con los compañeros del ERP para solucionar esas contradicciones es un error político, un tremendo error político.
Es en función de eso que nuestra organización se va a abocar a la tarea de encontrar esa metodología de avance, de encontrar esa metodología correcta para superar nuestras propias contradicciones.
Quiero recalcar, además, que la sangre derramada de los compañeros de Trelew tiene toda la profundidad necesaria para que tomemos una real conciencia de este tipo de problemas. El recibimiento del pueblo chileno a las tres organizaciones revolucionarias, expresado en cada uno de los compañeros en la consigna de "ERP, FAR, Montoneros son nuestros compañeros", también nos muestra con claridad cuál es el sentir de los distintos pueblos que luchan por la liberación de sus patrias.
En ese sentido, nosotros asumimos nuestra responsabilidad como organización y nos criticamos como organización. En el caso de Montoneros, criticamos la existencia de distintas expresiones sectarias en nuestra organización. Las asumimos como limitación, como producto de todos los procesos revolucionarios; esto es algo que no se puede olvidar, es un hecho objetivo que lo palpamos y lo visualizamos.
Personalmente en mi caso creo haber tenido a veces actitudes de tipo sectario, pero creemos que es nuestra práctica y nuestra conexión con nuestro pueblo la que nos va a impulsar a superar todas estas limitaciones que todavía arrastramos.
En esa práctica las organizaciones revolucionarias se van construyendo, se van haciendo. Creo que las expresiones de los compañeros de Trelew antes de la masacre son un verdadero testamento político para el pueblo argentino y las organizaciones revolucionarias. Las palabras del compañero Pujadas, de Montoneros, que han sido difundidas públicamente, son lo suficientemente claras sobre el clima que se vivía en la cárcel de Trelew.
Como organización Montoneros, quiero en este momento aprovechar para saludar la extraordinaria acogida del pueblo chileno a nuestras organizaciones revolucionarias. Quiero destacar que desde el primer día que nosotros pusimos pie en suelo chileno se hicieron movilizaciones populares organizadas por los sectores de vanguardia del pueblo chileno, como el MIR, la izquierda del partido Socialista, la Izquierda Cristiana. Quiero destacar también que la solidaridad del pueblo chileno para con los compañeros caídos nos ha hecho mucho bien, nos ha acompañado en todo momento en nuestro dolor y nos ha hecho compartir nuestro dolor junto con ellos.

jueves, 11 de agosto de 2011

Jose de San Martin

De un hombre del que tanto nos hablaron en la escuela, nos interesa conocer y compartir algunas de las ideas que defendió  y el testimonio escrito de la lucha.



No cesan los enemigos de nuestro liberal sistema, constantes en sostener el de opresión y tiranía, de tocar cuantos medios caben en la esfera de lo posible, para sofocar nuestros progresos, conquistar de nuevo las Provincias Unidas, y destruir el Gobierno que lo ha constituido. 
Una expedición de 10.000 soldados debía salir de la Península; el 10 de enero ultimo, á atacar nuestras costas, y desolar la Capital según se me avisa por  el Secretario de la Guerra de ord." Sup. La ocupación del Reino de Chile aumentaron nuestros cuidados, y el Gral. Fezuela aunque débil al presente, calcula los resultados de su suerte sobre los auxilios que espera de este. En medio de una época tan critica, solo nos resta Redoblar nuestros sacrificios, apurando los recursos para evitar la dominación de unos monstruos que  van a terminar nuestra existencia civil si consiguen su empresa. Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización de comercio, y agricultura, arrostrar trabajos, y ser superiores á todo genero de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver á uncir el yugo pesado é ignominioso de la esclavitud. Solo la unión y ¡constancia son las que nos pueden dar vigor al vencer estos obstáculos; sin ellas todo fenecerá, y atrayendo con nuestra destrucción la desgracia  de nuestra generación futura, recibiremos sus justas execraciones. Nuestro primer deber en tales circunstancias es proporcionar a la Capital toda clase de auxilios. Si esta cae bajo la opresión enemiga como que es la fuente de donde emanan los recursos al sostén de nuestra Libertad, ó perecerá esta, ó al menos sufrirá un revés que tal vez nos sea dificultoso repararlo.
 (
Oficio del Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo, Coronel Mayor José de San 
Martín, al Cabildo de Mendoza 
31 de marzo de 1815.)



"Yo no he encontrado más que los tristes fragmentos de un ejército derrotado. Un hospital sin medicinas, sin instrumentos, sin ropas, que presenta el espectáculo de hombres tirados en el suelo que no pueden ser atendidos del modo que reclama la humanidad y sus propios méri­tos. Unas tropas desnudas, con trajes de pordioseros. Una oficialidad que no tiene cómo presentarse en público. Mil clamores por sueldos devengados. Gastos urgentes en la maestranza, sin la cual no es posible habilitar nuestro armamento para contener los progresos del enemigo."
(Oficio al gobierno de Buenos Aires en 1814, después de hacerse cargo del Ejército del Norte tras la derrota de Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma)


“¿Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia? ¿No le parece una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al gobierno de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta, más que decirlo? Por otro parte, ¿Qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo, y los enemigos (con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos? Este usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación.
Por otra parte, el sistema ganaría el 50 % con tal paso ¡ánimo! Que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero soberano, es decir, a Fernandito.”
(Carta a Godoy Cruz el 12 de mayo de 1816, instándolo a la rápida declaración de la independencia)

“se acerca el momento en que derretidas las nieves de la Cordillera que nos separa de Chile, se presenta el peligro de una invasión del lado del triunfo que me promete vuestro patriotismo. Preparaos a nuevos sacrificios para evitar el riesgo. Yo no he dispensado fatigas ni aun en las horas del descanso para acreditar mis desvelos en obsequio de vuestra conservación. Toca a vosotros triunfar en la lucha y conquistar la paz permanente, en que la agricultura y el comercio tomen un vuelo capaz de reparar las pérdidas indispensables en la guerra. La patria y vosotros nada tienen que temer si la cooperación del pueblo precedida de un esfuerzo grande de desprendimiento y de unión íntima, condición precisa de la empresa para salir con victoria. Yo me atreví a predecirla contando con vuestro auxilio, bajo la protección del cielo, que mira con horror la causa injusta de los opresores de América”.
(Proclama al pueblo de Cuyo en la primavera 1816, ante el peligro de una invasión realista)



“Al ejército de los Andes queda la gloria de decir: el veinticuatro días hemos hecho la campaña: pasamos la cordillera más elevad del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”
(Comunicación del triunfo de la batalla de  Chacabuco al general O´Higgins, el 12 de febrero de 1817)


"Compañeros del ejercito de los Andes: La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa nada... Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje" 
(Orden general del 27 de Julio de 1919)

“No busco la gloria militar, no ambiciono el título de Conquistador del Perú: quiero solamente librarlo de la opresión. (…) Quiero que todos los hombres piensen como yo, y no dar un paso más allá de la marcha progresiva de la opinión pública. (…) He estado, ciertamente día a día, ganando nuevos aliados en los corazones del pueblo. (…) La opinión pública es máquina recién introducida en este país; los españoles, incapaces de dirigirla, han prohibido su uso; pero ahora experimentan su fuerza e impotencia”.
(Palabras al Capitán ingles Basil Hall, quien visito a San Martin el 25 de junio de 1820)


“He dado a conocer el objeto de mi misión para con vosotros; vengo para satisfacer la espera de todos aquellos que deseen la libertad del país que les dio a luz y ser gobernados por sus propias leyes”.
(Manifiesto al pueblo peruano. Pisco, 7 de septiembre de 1820)













jueves, 4 de agosto de 2011

RODOLFO ORTEGA PEÑA, EJEMPLO QUE NOS UNE


Por Jorge Luis Ubertalli
Historiador revisionista, abogado defensor de presos políticos y sindicales, representante legal de gremios, periodista, profesor, diputado y, por sobre todo, revolucionario, fue el compañero Rodolfo Ortega Peña, asesinado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) el 31 de julio de 1974. Vocero del peronismo revolucionario, el cristianismo revolucionario y la izquierda revolucionaria a travès de la revista “Militancia”, ajeno a todo sectarismo, crítico de Perón en sus ùltimos años y siempre franco y ejemplificante, el “Pelado”, como le llamaban amigos y compañeros, admirado por los que seguíamos su huella desde una generación posterior, se constituyó y se constituye en un ejemplo que nos une en pos de la liberación nacional y social de la Patria en el marco del socialismo.

Apenas conocido hoy por algunos, ignorado por otros, aborrecido por advenedizos y traidores del movimiento obrero y popular, sigue presente en los corazones de aquellos que supimos atesorar sus enseñanzas teóricas y prácticas. Dotado de una particular cultura e inteligencia, políglota- leía en francés, inglés, alemán, italiano, portugués, latín y griego, además del castellano- este apóstol popular, que se recibió a los 20 años de abogado e incursionó en la filosofía, la economía, la literatura y otros ítems; que proveniente de una familia acomodada podría haber sido el Gardel de los culorrotos y comemierdas que tanto abundaron, abundan y abundarán en el país, prefirió ser el vocero y defensor a ultranza de sus hermanos, los trabajadores, los pobres de vidas e influencias, los explotados y oprimidos por el capitalismo.


“¿Qué pasa flaca?”


Fueron sus ùltimas palabras. A las 22.25 de aquel 31 de julio, cuando un presunto taxi, que luego se supo formaba parte de la patota que lo asesinò, lo dejò en la esquina de Arenales y Carlos Pellegrini, ya habìa sido montada la operación. Dos autos, momentos antes, se habìan cruzado a lo ancho de la Avenida Santa Fè, para no dejar pasar a nadie, en tanto civiles de caras torvas desviaban el trànsito. Al momento del apeamiento de Rodolfo y su esposa, Elena Villagra, del vehìculo que los habìa transportado, desde un Ford Fairlane verde, que se les apareò, bajò un sicario que calzaba en su rostro una media de mujer y disparò contra la pareja con una subametralladora. El primer disparo atravesò el rostro de Elena, los otros, 24, impactaron en la cabeza de Rodolfo, en el antebrazo, en la muñeca y en otras partes de su cuerpo. Mientras el sicario y sus dos compinches, protegidos por el oficialismo, huían, el cadáver de Rodolfo fuè trasladado a la comisarìa 15, adonde concurrieron sus amigos, Diego Muñiz Barreto, Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Zito Lema, quienes se trenzaron con el comisario Alberto Villar, nombrado por Peròn como jefe de la Policìa Federal y luego fundador de la Triple A, quien entrò sonriendo jocosamente a la sede policial a poco de producido el asesinato.
Complicidades varias concurrieron a hacer posible el martirio del “Pelado”.
Legisladores justicialistas y de la oposiciòn, directivos del Consejo Nacional Justicialista que habìan presentado a Peròn a fines de 1973 un plan de eliminaciòn de “zurdos”, que comenzò con la voladura el automòvil del abogado radical Hipòlito Solari Irigoyen, periodistas venales, servicios de inteligencia y policiales, militares y policías, jerarcas de la Iglesia, burócratas sindicales y otros se hallaron implicados, directa o indirectamente, en la muerte del abogado y legislador del pueblo. El mismo dìa de su muerte y a las 20 horas, un supuesto redactor del periòdico El Cronista Comercial se habìa comunicado con Ortega Peña, quien se hallaba en su oficina del Congreso, para solicitarle una entrevista a las 21.30, que nunca se concretò. El supuesto cronista, se supo màs tarde, era un miembro de la Triple A, ya que inquirido posteriormente al asesinato el director del medio periodístico sobre esa supuesta entrevista, negò que se hubiera solicitado desde esa redacción. Controlado por servicios y parapoliciales y bajo contìnuos seguimientos, que se realizaban a plena luz con el fìn de amedrentarlo; aleccionado por sus amigos para que no se mostrara tan públicamente, usara un chaleco antibalas, se exilara o solicitara custodia, el “Pelado” respondìa: “la muerte no duele”. Sin embargo doliò. A todos nosotros, que lo perdimos como al “francotirador” que unìa a todos los revolucionarios, peronistas, marxistas y cristianos, bajo las banderas de la liberaciòn nacional y el socialismo. Sin pertenecer a ninguna organización revolucionaria en particular, las contenìa a todas. Era prenda de unidad de todo el campo popular, que habìa combatido a la dictadura con las ideas, las huelgas reprimidas y las manifestaciones sableadas, primero, y las armas en la mano después. “La sangre derramada no serà negociada”, transcribìa la manta ubicada detràs de su féretro, ubicado en el primer piso del la Federación Gràfica Bonaerense, donde fue velado. Su paso efìmero por la vida- tenìa 38 años al momento de su asesinato- habìa calado hondo en los hacedores de quimeras, militantes de la vida y el Hombre Nuevo. Allí estaban presentes, entre otros, el inolvidable Jorge Di Pascuale, secretario general del Sindicato de Empleados de Farmacia, secuestrado-desaparecido en 1976, Eduardo Luis Duhalde, su amigo y compañero, Raymundo Ongaro, Secretario General de la Federación Gràfica Bonaerense, Manuel Gaggero, director del clausurado diario El Mundo, Norberto Habegger, subdirector del diario Noticias, mas tarde secuestrado desaparecido y otros compañeros de distintas organizaciones. Coronas que rezaban “Militancia”, “Fuerzas Armadas Peronistas”, “Peronismo de Base”, “Montoneros”, “Agrupación `Lealtad y Soberanìa’” de Trabajadores de Farmacia; “Alianza Popular Revolucionaria”, “FAL 22 de Agosto”, “Nuevo Hombre” , “PRT- ERP” , “JTP”, “Alianza Popular Revolucionaria”, “Sindicato Unico de Empleados del Tabaco”, “Agrupación Docente 29 de Mayo” y otras tantas, cientos, testimoniaban el cariño y el respeto plural y ùnico hacia el compañero caìdo.
Y tambièn el odio de los enemigos del pueblo, sus enemigos. “Sus compañeros de D.I.P.A” rezaba una corona que, junto a otra del “Ministerio de Defensa”, fuè echada a la calle. DIPA, disuelta por el gobierno de Hèctor J. Càmpora, asumido el 25 de mayo de 1973, fue la sigla de la Direcciòn de Investigaciones de Partidos Antidemocràticos, sucesora de la Secciòn Especial de Represiòn al Comunismo y engendro de la Secretarìa de Informaciones del Estado (SIDE). Organismo fundamental de la represiòn polìtica popular, dependiente de la Policía Federal, participò a travès de sus cuadros de la Triple A, cuyas cabezas visibles fueron el “brujo” Josè Lòpez Rega, ministro de Bienestar Social, el comisario Villar, antes citado, el comisario Muñoz, hoy procesado, y los comisarios Morales y Almiròn. Este ùltimo, cabe destacar, una vez huido a España antes de la debacle de Isabel Peròn, confesò allì su autorìa en cuanto al asesinato de Rodolfo Ortega Peña. Al entierro del “Pelado” en la Chacarita concurrieron miles, que fueron reprimidos.


Anecdotario


“¿Que hacès?. ¿ No ves que es el Pelado Ortega Peña y su esposa”?- inquiriò por lo bajo quien esto escribe a una compañera, cuando en un acto de presentaciòn del Peronismo de Base universitario, llevado a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1973, hizo abrir a Elena Villagra su cartera para ver su contenido. Cerca de allí, grupos perofascistas habían atacado una asamblea estudiantil en Ciencias Económicas, y la orden entonces era adoptar las máximas medidas de seguridad del acto y la protección de los compañeros que a él asistían.  Elena, con una sonrisa complaciente, cumpliò con la indicaciòn, intuyendo que la compañera de seguridad, muy jòven todavía, no la habìa reconocido. El Pelado esbozò una sonrisa còmplice al autor de esta nota, que, responsable del area, no supo donde meterse. Sòlo esbozò un “disculpe, compañero”, sonrojado. Y allì se quedò.
Cuando Rodolfo, ya diputado elegido por el Partido Justicialista, se convenció de que sus pares constituían una caterva de traidores, y ya distanciado del propio Perón, a quien acusaba de haber traicionado el programa del FREJULI, puso su solitaria banca al servicio de las bases trabajadoras. Formó entonces el Bloque de Base, unipersonal, desde donde defendiò a capa y espada a todo trabajador explotado que confrontara con su patronal. Quien esto escribe recuerda su participación en la defensa de los laburantes de la fàbrica Insud S.A., de La Matanza, cuyas emanaciones de plomo los enfermaban de saturnismo. En el norte, sur, este y oeste del paìs, el Bloque de Base, con el “Pelado” al frente, batallaba contra los explotadores y canallas. Desde “Militancia”, esclarecía mentes y propagandizaba los combates populares. En el número 29 del 27 de diciembre de 1973, y en la sección Correspondencia de Lectores, la revista reproducía un manifiesto de la Unión de Oficiales Argentinos ‘Lautaro’, Departamento de Gendarmería Nacional, fechada el 18 de diciembre. En ella, el grupo de oficiales de Gendarmería expresaba su descontento por tener que ocuparse de “la custodia de empresas de capitales extranacionales, medida que se contradice con las pautas de liberación enunciadas en el gobierno y las afirmaciones efectuadas por el señor Comandante en Jefe del Ejército, General Raúl Carcagno, y que apoyáramos en su oportunidad…”. Secciones como el Diccionario de la Entrega, Cárcel del Pueblo, donde iban a parar los políticos entreguistas; Comunicaciones, donde se transcribían los comunicados de agrupaciones sindicales, políticas y político-militares; las críticas al “colonialismo en la prensa”; las “reflexiones para el análisis”, el inefable “Tendencio”, dibujo que con pocas palabras decía mucho y otras muchas secciones, entre ellas los Cuadernos de Base, de formación sindical, constituían esa “Militancia” que, cual manual popular organizativo, discutíamos con nuestros compañeros en puntos tan distantes como La Salada, Bajo Flores, Filosofía y Letras o Bariloche.
En el número citado mas arriba, y como homenaje a los compañeros del Peronismo de Base-Fuerzas Armadas Peronistas Tito Delleroni y su compañera Nélida Chiche Arana, asesinados en el andén de una estación de ferrocarril por esbirros del la Triple A, el autor de esta nota dedicó un poema: “Confidencias”, que firmó como Un compañero del Peronismo de Base. En aquel momento, firmar algo o aparecer en alguna foto significaba una sentencia segura de muerte. El “Pelado”, sin embargo, no podía ni quería ocultarse ni usar seudónimos. Su función era servir al pueblo desde su cargo, su nombre y sus cojones. Y cayó y nos dejó su semilla. Esa que florece hoy como ayer bajo la misma consigna de Evita: “Caiga Quien Caiga y Cueste lo que Cueste, Venceremos!, Pelado. ¡Hasta la Victoria, Siempre!

jueves, 28 de julio de 2011

Esa Mujer- Rodolfo Walsh

  El coronel elogia mi puntualidad:
    ­Es puntual como los alemanes ­dice.
    ­O como los ingleses.
    El coronel tiene apellido alemán.
    Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
    ­He leído sus cosas ­propone­. Lo felicito.
    Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
    Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.
    El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
    Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.
    Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.
    El coronel sabe dónde está.
    Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.
    El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.
    ­Esos papeles ­dice.
    Lo miro.
    ­Esa mujer, coronel.
    Sonríe.
    ­Todo se encadena ­filosofa.
    A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.
    ­La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.
    ­¿Mucho daño? ­pregunto. Me importa un carajo.
    ­Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años ­dice.
    El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
    Entra su mujer, con dos pocillos de café.
    Contale vos, Negra.
    Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.
    ­La pobre quedó muy afectada ­explica el coronel­. Pero a usted no le importa esto.
    ­¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
    El coronel se ríe.
    ­La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.
    Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
    -Cuénteme cualquier chiste -dice.
    Pienso. No se me ocurre.
    ­Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
    -¿Y esto?
    ­La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.
    El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
    -Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
    ­¿Qué más? ­dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
    -Le pegó un tiro una madrugada.
    ­La confundió con un ladrón ­sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
    ­Pero el capitán N. . .
    ­Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.
    ­¿Y usted, coronel?
    ­Lo mío es distinto ­dice­. Me la tienen jurada.
    Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.
    ­Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.
    ­Me gustaría.
    ­Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?
    ­Ojalá dependa de mí, coronel.
    ­Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.
    Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.
    -Mire.
    A la pastora le falta un bracito.
    ­Derby -dice. Doscientos años.
    La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.
    ­¿Por qué creen que usted tiene la culpa?
    ­Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.
    El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.
    -Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.
    ­¿Qué querían hacer?
    ­Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
    ­Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.
    -Y orinarle encima.
    ­Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.
    No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.
    ­Esa mujer ­le oigo murmurar­. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.
    El coronel bebe. Es duro.
    ­Desnuda ­dice­. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitán de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente­, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso...
    Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.
    ­Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.
    Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.
    ­...se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos­, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?
    ­No.
    ­Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.
    Vuelve a servirse un whisky.
    ­Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.
    Bruscamente se ríe.
    ­Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.
    Repite varias veces "Eso le demuestra", como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.
    -Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.
    ­¿Pobre gente?
    ­Sí, pobre gente.­El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior­. Yo también soy argentino.
    ­Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.
    ­Ah, bueno ­dice.
    ­¿La vieron así?
    ­Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...
    La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.
    ­Para mí no es nada -dice el coronel­. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.
    Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.
    ­A mí no me podía sorprender. Pero ellos...
    ­¿Se impresionaron?
    ­Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció.
    Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba".
    ­Beba ­dice el coronel.
    Bebo.
    ­¿Me escucha?
    -Lo escucho.
    Le cortamos un dedo.
    ­¿Era necesario?
    El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.
    ­Tantito así. Para identificarla.
    -¿No sabían quién era?
    Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba".
    ­Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?
    ­Comprendo.
    -La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
    ­¿Y?
    ­Era ella. Esa mujer era ella.
    ­¿Muy cambiada?
    ­No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.
    ­¿El profesor R.?
    -Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.
    En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.
    ­¿Enciendo?
    ­No.
    ­Teléfono.
    ­Deciles que no estoy.
    Desaparece.
    ­Es para putearme ­explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.
    -Ganas de joder ­digo alegremente.
    ­Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.
    ­¿Qué le dicen?
    ­Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.
    Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.
    ­Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.
    El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.
    ­La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.
    Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cuna, remedios, cigarrillos, vida, muerte.
    -Llueve -dice su voz extraña.
    Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.
    ­Llueve día por medio ­dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.
    Dónde, pienso, dónde.
    ­¡Está parada! -grita el coronel­. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!
    Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.
    ­No me haga caso -dice, se sienta­. Estoy borracho.
    Y largamente llueve en su memoria.
    Me paro, le toco el hombro.
    ­¿Eh? -dice­ ¿Eh? -dice.
    Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.
    -¿La sacaron del país?
    -Sí.
    ­¿La sacó usted?
    ­Sí.
    -¿Cuántas personas saben?
    ­DOS.
    ­¿El Viejo sabe?
    Se ríe.
    -Cree que sabe.
    ­¿Dónde?
    No contesta.
    ­Hay que escribirlo, publicarlo.
    ­Sí. Algún día.
    Parece cansado, remoto.
    ­¡Ahora! ­me exaspero­. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!
    La lengua se le pega al paladar, a los dientes.
    -Cuando llegue el momento... usted será el primero...
    ­No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.
    Se ríe.
    ­¿Dónde, coronel, dónde?
    Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.
    Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.
    ­Es mía -dice simplemente­. Esa mujer es mía.

viernes, 22 de julio de 2011

Mario Roberto Santucho


Nacido en Santiago del Estero un 12 de agosto de 1936.


Fundador del PRT y comandante en jefe del ERP.


 Su vida estuvo marcada por el compromiso y la política.

Asesinado el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli durante un enfrentamiento militar.


A 35 años de su desaparición física queremos compartir parte de su pensamiento político plasmado en algunas de sus publicaciones...



El  autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio
A menos de tres meses de la instalación del Gobierno Parlamentario, el pueblo argentino ve con preocupación y asombro que no se resuelven ni encaran los problemas fundamentales del país y que por el contrario, se afianza en el Gobierno y en el peronismo una línea contrarrevolucionaria, continuista, que sigue con la política antipopular y antinacional de la Dictadura Militar El pueblo argentino ve con sorpresa y asombro que el Presidente Cámpora, el Ministro Righi, todo un sector que tímidamente tendió a ceder a los reclamos y cumplir aunque sea en mínima parte con las promesas electorales, que se resistió, que se opuso, a los intentos represivos de la camarilla fascista de López Rega, es desplazado de un plumazo por un repentino autogolpe organizado en "palacio" sin la más mínima participación popular. La clase obrera y el pueblo argentino ven con indignación que los gestores de este autogolpe reaccionario son los odiados enemigos del pueblo, los Comandantes en Jefe con Carcagno a la cabeza, los burócratas sindicales traidores Rucci, Calabró y compañía, el siniestro personaje López Rega.
La clase obrera y el pueblo argentino ven con asombro y preocupación que el General Perón avanza hacia el poder de la mano de los Carcagno, los Rucci, los López Rega, apartando de su lado los elementos menos corrompidos e ignorando por completo a las organizaciones armadas peronistas, al peronismo progresista y revolucionario, a las bases obreras y populares.
Los trabajadores y el pueblo en general, que en su mayoría votó las listas del Frejuli en las recientes elecciones, pronunciándose contra la Dictadura habilitar y albergando esperanzas en cambios revolucionarios, se pregunta qué pasa, a qué se debe la repentina amistad entre los militares y la dirección del movimiento peronista que hasta días antes de la elección parecían enemigos irreconciliables, a qué se debe la renuncia de Cámpora, de Righi, de Puig, a qué se debe el ataque abierto al Gobierno y la CGT de Córdoba, a qué se debe este nuevo llamado a elecciones. Desconfía de los tejes y manejes, de las trenzas de la cúpula, pero no encuentra una clara respuesta. Quiere creer en Perón, en su disposición revolucionaria, en su patriotismo y amor al pueblo, pero los hechos obligan a dudar, a reflexiona, a plantearse cruciales interrogantes.
Pero aun, trabado en su acción por la confusión, por las dudas y preocupaciones, por la sorpresa y el asombro, el pueblo argentino adquiere día a día más conciencia política, se esfuerza por comprender y actuar, por tomar en sus firmes manos los destinos de la patria, por encarar los gravísimos problemas del pueblo y del país, continúa su lucha y se orienta inexorablemente hacia la revolución, hacia la conciencia y la acción revolucionaria, hacia la realización de la verdadera revolución que salvará a nuestra patria y a nuestro pueblo, hacia la revolución socialista de liberación nacional y social que hará la dicha del pueblo argentino y conquistará un futuro de completa felicidad colectiva para las futuras generaciones. Verdaderas causas y características del autogolpe Nuestro partido, el PRT dirección político-militar del ERP consciente de sus responsabilidades revolucionarias, se ve en la necesidad de responder a las inquietudes e interrogantes, plantear con toda crudeza y objetividad el verdadero significado del autogolpe y remontarse para ello a sus raíces. Aunque sabemos que hay muchos compañeros que aún no compartirán nuestros puntos de vista, se negarán a reconocer los hechos y conservarán esperanzas en Perón y el peronismo, asumimos la responsabilidad de plantear francamente los problemas de fondo y entre ellos el rol del General Perón en la actual política . nacional. No queremos herir sentimientos, pero tampoco podemos ocultar cuestiones que son fundamentales para entender los actuales acontecimientos y guiar la acción obrera y popular en la dura lucha que afrontamos contra los enemigos del pueblo y de la patria. Como parte sustancial de! Gran Acuerdo Nacional, el peronismo burgués y burocrático, se proponía defender hábilmente el sistema capitalista argentino de los embates del pueblo revolucionario, reorganizarlo y reconstruirlo, estabilizarlo y lograr un desarrollo capitalista que diera larga vida a este injusto sistema en nuestra patria. La forma de llevar adelante esa política fue claramente explicitada por Perón, Cámpora y otros dirigentes y consistía en lograr una tregua social, política y militar, que eliminara con engaños del escenario la lucha armada y no armada de la clase obrera y el pueblo, diera la ansiada estabilidad social que le permitiera reorganizar el capitalismo, atraer capital imperialista, mejorar parcamente la situación económica, ganar así mayor crédito en !as masas con algunas concesiones y pasar recién entonces a)aislamiento y represión, a la destrucción de las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo, todo lo cual les permitiría lograr su objetivo de salvar el capitalismo. De ahí el llamado de Campora a la tregua, a la paz social, formulado poco a después del 11 de marzo y reiterado en varias oportunidades.
Pero ese plan fracasó estrepitosamente antes de poder iniciarse su aplicación. La dirección peronista confiaba en que la clase obrera y el pueblo se dejaran engañar fácilmente y colaboraran en su propia infelicidad, en el fortalecimiento del poder de I~ capitalistas. Nuestro Partido en cambio confiaba en la decisión de lucha del pueblo, en su conciencia y combatividad, en su experiencia, y llamó a rechazar la tregua y continuar la lucha sin dejar de respetar e! pronunciamiento popular. Ya desde el 11 de marzo la dirección peronista esperaba la tregua; esa ilusión se disipó muy pronto. Confiaba en que a raíz del triunfo electoral, la guerrilla peronista suspendería sus operaciones, que las masas postergarían sus aspiraciones y aporcarían sacrificadamente a la pacificación. Las cosas ocurrieron de otro modo y en lugar de suspensión hubo intensificación de las operaciones guerrilleras, la clase obrera y el pueblo dieron continuidad a su movilización, y la dirección peronista por idea de Cámpora llamó nuevamente a la tregua y anunció que ella se concretaría sin falta a partir de la asunción del poder.
La esperanza de la dirección peronista de lograrlo fueron bruscamente aventadas por las masas el mismo 25 de mayo. Las masas en la calle chocaron con contingentes de las FFAA contrarrevolucionarias que intentaban desfilar para "santificar" el GAN, y al costo de numerosos muertos y heridos abatidos por las balas de la represión, las masas obligaron a los odiados militares a volver y encerrarse en sus cuarteles. Ese mismo histórico día un importante contingente popular de alrededor de 40.000 compañeros, rodeó la cárcel de Villa Devoto y exigió y obtuvo la inmediata libertad de todos los combatientes.
Esta gloriosa conquista de las masas resultó un golpe mortal para el plan inicial del peronismo. Una carta importante que pensaban utilizar como elemento de negociación con nuestra organización, con el ERP para lograr la suspensión de las operaciones guerrilleras, era precisamente la liberación de nuestros combatientes. Pero el pueblo movilizado destruyó ese plan y liberó, sin dar lugar a negociación alguna, a todos los combatientes de la libertad.
Este histórico hecho y la ola de ocupaciones de fábrica, centros de trabajo y sindicatos, que siguió a la asunción del mando por Cámpora, convencieron a Perón que el engaño era imposible y debía cambiar de táctica para lograr los objetivos contrarrevolucionarios de reconstrucción nacional. Ese cambio de política está anunciado en sus declaraciones del día 29 de mayo cuando comenta los hechos del 25 frente a Villa Devoto y dice: "Estamos cumpliendo un operativo que simplemente busca dejar sin razón de ser a algunos sectores de provocación que están todavía refugiados tanto en los centros gorilas como en los centros trotskystas" y más adelante, comentando un télex de la juventud peronista que informa sobre los hechos de Devoto "aunque se hayan producido hechos como los que mencionan sin embargo es una buena experiencia para el futuro pues el control de esos grupos en nuevas concentraciones debe ser un objetivo a tener en cuenta .
La movilización de las masas, el rotundo no a la propuesta de tregua, obliga pues a la dirección peronista a reelaborar sus planes, a archivar el proyecto de lograr la estabilización con el engaño, y pasar a la planificación de una ofensiva represiva y macarthista inmediata contra las fuerzas progresistas y revolucionarias, consolidando simultáneamente sus ya estrechos lazos con las FFAA y los demás políticos burgueses.
Esa ofensiva se inició con declaraciones macarthistas y pasó brutalmente al terreno militar el 20 de junio en la emboscada preparada por los hombres de Osinde contra las columnas de manifestantes encabezadas por las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros. El torturador Osinde, Brito Lima y Norma Kennedy, responsables visibles de la agresión armada al pueblo, estuvieron con Perón días antes. Osinde regresó de Madrid después de largas conversaciones con su líder y López Rega, e inmediatamente se dedicó a organizar, apresuradamente, los grupos de choque, viéndose en la necesidad de reclutar policías en las comisarías de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Se supo que Osinde se movió abiertamente con vehículos de la Municipalidad de Buenos Aires y del Ministerio de Bienestar Social, que pagó $150.000 por la "tarea" a los jefes de grupos reclutados, y que dispuso, entre otro armamento, de las armas de la Policía Federal pertenecientes a DIPA. Iniciada la ofensiva, los sectores más recalcitrantes de la derecha peronista intentaron extenderla rápidamente acatando al Ministro Righi -ajeno a la matanza- mediante el montaje de una serie de mentiras, entre ellas que Righi estaba en combinación con el ERP .
Pero esta línea no cuajó inmediatamente porque se encontró con fuerce resistencia de la izquierda peronista que, indignada por los hechos de Ezeiza, se movilizó enérgicamente y se dispuso a dar batalla.
La dirección del peronismo presionó de inmediato a Cámpora y a Righi exigiendo y logrando un par de disposiciones represivas sobre ocupaciones de fábricas y tenencia de armas, a las que nuestra organización se opuso enérgicamente indicando que si el gobierno se atrevía a pasar a la represión contra el pueblo y la guerrilla, el pueblo y la guerrilla pasarían a la resistencia y se cancelaría también la tregua con el gobierno y la policía.
La ofensiva de la derecha en el seno del gobierno fue resistida parcialmente dando lugar a una lucha sorda en distintos niveles gubernamentales, en el gabinete, en el parlamento, en el Partido Justicialista, en algunas gobernaciones. provinciales. El Ministro Righi cedió sólo parcialmente y si bien promulgó la ley contra el armamento popular por cuya aplicación hay ya como mínimo seis combatientes prisioneros, cuatro de ellos del ERP dio posteriormente una enérgica batalla en relación a la investigación de los hechos de Ezeiza, salió al paso en una conferencia de prensa a la crítica fascista defendiendo con firmeza la democracia y la libertad, en una palabra, mostró claramente su disposición a luchar, a no prestarse a una política represiva. El Presidente Cámpora a su vea; que venía también cediendo, dio una tónica correcta a su discurso del 9 de julio ante las FFAA, dejando también bien claro que no sería fácil de manejar para una política de represión al pueblo. El Gobernador Ragone en Salta, motorizado y apoyado por el peronismo revolucionario, muy activo y claro en esa provincia, tuvo la valentía de aprobar la detención de 19 torturadores y someterlos a juicio criminal.
Algunos compañeros nos han criticado diciendo que hemos atacado a Cámpora y a Righi y ahora los defendemos, que no los hemos diferenciado del peronismo reaccionario. No es así, nosotros diferenciamos siempre al peronismo progresista del contrarrevolucionario y precisamente nuestras críticas a Cámpora y a Righi, diferentes a las formuladas contra López Rega, Osinde, etc., se han producido en la medida que ellos cedían a las presiones derechistas y llamándolos siempre a no ceder y sumarse a la lucha obrera y popular. Por otra parte, nosotros como revolucionarios marxista-leninistas que nos debemos la clase obrera, no podemos apoyar sectores vacilantes, no podemos despertar esperanzas en políticos que no realicen una práctica revolucionaria. Coincidimos sí, con ellos en la defensa de la democracia y la libertad, pero no los defendemos ni apoyamos, siguiendo las enseñanzas leninistas de que un pilar de la educación revolucionaria es confiar únicamente en las auténticas fuerzas revolucionarias del proletariado y el pueblo y no confundirse por ningún demagogo, ningún vacilante, ningún partido ni dirigente que sólo prometa y ceda ante presiones y esté en todo momento bajo la influencia del enemigo.
En tanto, al amparo dc la democracia y la libertad conquistadas por la lucha popular, las fuerzas progresistas y revolucionarias iniciaron un vigoroso movimiento de desarrollo ganando numerosas batallas, recuperando sindicatos y comisiones internas, comenzando la coordinación y centralización nacional de las corrientes antiburocráticas, lanzándose hacia las masas con la propaganda, ta agitación y la organización con resultados en extremo exitosos. El estado de ánimo de las masas, de inquietud e interés, de apertura hacia las ideas socialistas, de elevada disposición combativa, facilitó el impetuoso progreso de las ideas y la organización progresista y revolucionaria en amplios sectores de las masas, en primer lugar en importantes sectores del proletariado fabril. Fue particularmente notable el avance del sindicalismo clasista que ganó rápidamente posiciones en sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados de importantes fábricas, vía la movilización de las bases, avance que se reflejó, en parte, en el entusiasta y combativo plenario nacional antiburocrático realizado el 8 de julio en Córdoba. Asimismo, el rápido desarrollo organizativo del PRT y el ERP y el notable crecimiento de su influencia en amplias masas, no pasó desapercibido para la dirección burguesa del movimiento peronista ni para el ejército opresor.
La crisis económica a la vez, no muestra síntomas de superación sino que por el contrario distintos indicadores como el déficit presupuestario, la crisis de los combustibles, el estancamiento de la producción automotriz, la carencia total de nuevas inversiones imperialistas, las dificultades en la comercialización de la excelente cosecha triguera, la presión de las masas por sustanciales mejoras en su nivel de vida, ponen en evidencia una vez más la imposibilidad de lograr bases económicas a corto y mediano plazo; para una política de conciliación de clases como la que aplicara el peronismo en 1945.
Todos estos factores de inestabilidad, toda esta seria amenaza al capitalismo que constituye el comienzo del impetuoso despliegue de las poderosas fuerzas progresistas y revolucionarias de nuestro pueblo, es la causa inmediata del autogolpe contrarrevolucionario. Podemos por ello caracterizarlo como un golpe del conjunto de la burguesía dirigido a frenar, a impedir, la acumulación de fuerzas en el campo revolucionario.

Del documento "Las definiciones del peronismo Las tareas de los revolucionarios" publicado en 1973.


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(...) Un Partido revolucionario, para ser tal, debe conocer la realidad en la que se mueve. La fuente de ese conocimiento, como lo han enseñado reiteradamente Marx, Lenin y todos los revolucionarios, es la propia práctica, la actividad transformadora del mundo. O sea, en el caso de los revolucionarios, la actividad destinada a transformar las estructuras de la sociedad.
La práctica está, a su vez, orientada por la teoría, por el marxismo-leninismo, que no es otra cosa que la acumulación del conjunto de las experiencias prácticas de la Revolución y de los elementos de análisis científicos de la sociedad, que surgen del conjunto de la práctica social. Pero, a su vez, la teoría, el marxismo-leninismo, no es un método abstracto, una herramienta que sirva para cualquier uso, al modo en que por ejemplo, se utilizan las notas musicales indistintamente para escribir un tango o una zamba.
La utilización correcta de la teoría depende del "punto de vista" con que se aplica. Sólo ubicándose en el punto de vista del proletariado la clase a que corresponde tal ideología y teoría científica de la revolución, se puede obtener el resultado correcto.
Ahora bien, en el curso de la actividad revolucionaria, ante una cuestión cualquiera, surgirán entre los compañeros opiniones diferentes. Esto es lógico y justo. Esas diferencias de opinión reflejan las diferentes experiencias de cada compañero. Es muy natural que frente a un determinado problema no opinen lo mismo un obrero tucumano que uno cordobés, un compañero que trabaja en una gran fábrica, que el que lo hace en un pequeño taller, el de un frigorífico que el de una planta química.
La confrontación de esas diferencias de opinión, a través de una discusión franca, amplia, sin trabas de ningún tipo, permitirá entonces capear la realidad en todos sus matices, arribar a una opinión común más justa, más correcta, más rica. Por eso se dice que el Partido es el "intelectual colectivo" de la Revolución. Este es el polo de la democracia en el centralismo democrático, el aspecto que permita la elaboración justa de la línea partidaria con el aporte de todos los compañeros.
Pero esto es a condición de que realmente "se quiera" llegar a una opinión común, que todos los que participan en la discusión lo hagan desde "el punto de vista proletario", atendiendo al interés superior de hacer avanzar a la Revolución.
Cuando la discusión "se empantana", cuando las diferencias se vuelven irreductibles y devienen en duros enfrentamientos de tipo personal, entonces esto quiere decir que alguna de las panes "no quiere" realmente llegar al acuerdo. Y si no quiere llegar al acuerdo, esto refleja un "interés social", un punto de vista "no proletario", que tiene su base material en intereses burocráticos o pequeño-burgueses, que son introducidos en la organización por sus elementos no proletarios o, excepcionalmente, por elementos obreros que se han desclasado. De esta manera esos elementos se transforman en correa de transmisión de las presiones de clases hostiles es sobre la organización del proletariado, de esa manera la lucha de clases en el conjunto de la sociedad se refleja como lucha de clases en el seno del lamido.
Cuando se llega a este punto, las contradicciones en el seno de la organización ya no pueden resolverse por la vía habitual, la discusión, la autocrítica y la crítica, sino que es necesario resolverlas mediante una enérgica liquidación de estas corrientes no proletarias: primero derrotándolas ideológica y políticamente, para así "curando el mal, tratar de salvar al enfermo", y en caso de persistir en sus posiciones antiobreras, expulsadas sin contemplaciones del seno de la organización como se extirpa un tumor para que no infecte a la mayoría sana del organismo.

No es siempre fácil detectar acertadamente y a tiempo, cuándo las diferencias de opinión se transforman en lucha de clases en el seno del Partido.
Es necesario orientarse permanentemente por la opinión de los obreros, consultar el mayor número de opiniones posible para tener una visión más amplia y justa de la realidad. Y la piedra de toque para diferenciar las corrientes de opinión sanas de las tendencias fraccionistas y antipartidarias es precisamente la práctica, el respeto del centralismo democrático en sus dos aspectos: amplia libertad de discusión en la elaboración, rigurosa disciplina centralizada en la acción.
Si ante un problema más complejo que otros una minoría no tiene argumentos suficientes para convencer de sus posiciones a la mayoría, y no está a su vez convencida de las posiciones de ésta, la actitud correcta es acatar la disciplina de la organización, continuar desarrollando la militancia tenazmente con la línea que en ese momento detenta la mayoría.
En la práctica, entonces, los compañeros de la minoría podrán comprobar la validez de las opiniones y si fuera acertada la opinión de la mayoría, rectificar la propia suya. Si, por el contrario, en la práctica se demostrara como justa la opinión de la minoría -lo que ha sucedido a veces en la historia de la revolución- será entonces en esa misma práctica, ejercida de una manera leal y respetuosa de la disciplina partidaria, cómo la minoría tendrá oportunidad de demostrar la corrección de sus posiciones y logrará oportunamente la rectificación de la línea.
Esto es posible, precisamente sobre la base, como hemos señalado, de un común punto de vista proletario, de la intención de todos, mayoría y minoría, de servir únicamente a los intereses de la revolución.
Cuando una de las partes tiene un interés social ajeno al interés de la clase obrera, cuando está situada en un punto de vista no obrero, sólo entonces cristalizan las diferencias en tendencias fraccionistas, se viola la disciplina y la legalidad partidaria y se debita la lucha de clases en la organización.
Hasta aquí, en apretada síntesis, la posición leninista sobre la lucha de clases en el seno del partido, que nuestra organización ha mantenido teórica y prácticamente de manera consecuente.
La IV Internacional, por el contrario, opina que esta posición es "burocrática", "stalinista", que se utiliza el rótulo "pequeño-burgués", para perseguir a los compañeros dentro del Partido. Reclaman, en consecuencia, la libertad de constituir permanentes tendencias diferenciadas en el seno de la organización, que discutirán sus distintas opiniones de manera permanente ante la "opinión pública" del Partido.
La piedra de toque para caracterizar estas corrientes no es ya para ellos la práctica misma de la organización, sino el debate permanente, la "continua discusión de ideas" con la única salvedad de un formal acatamiento de la minoría a la mayoría, llegando incluso a expresar públicamente las diferencias.
Consecuentemente, nuestros fraccionistas exigían como condición para ingresar al Partido, un elevado nivel teórico, a fin de poder participar en sus permanentes debates internos. Trababan así el ingreso de cuadros obreros, que, aunque conozcan perfectamente por su práctica sus intereses de clase y estén dispuestos a luchar por ellos, a causa de su explotación no pueden tener grandes conocimientos teóricos antes de ingresar al Partido y sólo en su seno pueden adquirirlos.
Esta posición no es marxista, no es materialista dialéctica, sino idealista y tiene una raíz de clase claramente pequeño-burguesa.
El intelectual pequeño-burgués, que no sufre en carne propia la explotación y se acerca a la revolución a partir de una posición humanista, moviéndose por ideas, tiene una fuerte tendencia a enamorarse de las ideas por las ideas mismas, a manejarlas de una manera abstracta en la discusión permanente.
Al obrero, en cambio, que experimenta día a día la explotación, le interesan la discusión y las ideas pero de una manera concreta, como forma de mejorar su práctica para acabar más pronta y eficazmente con la explotación de su clase y de toda la humanidad.

Fragmento del documento que redacta Santucho en agosto de 1973 para fundamentar la ruptura del PRT- ERP con la Cuarta Internacional Troskista.


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(...)El marxismo-leninismo sostiene que la revolución es un resultado del agotamiento de un determinado sistema económico, en este caso el capitalismo, de su estancamiento y crisis. Que cuando un país vive una crisis de su economía se inicia un proceso revolucionario de aguda lucha de clases, cuyo desarrollo continuará mientras subsista las crisis económica. Que la situación prerrevolucionaria creada y la situación revolucionaria que le sigue, continúan en vigencia mientras la economía capitalista no logre recuperarse. Más aun, que la crisis revolucionaria, en el caso de que sea derrotada una primera insurrección, puede resurgir a cono plazo, mientras la burguesía no consiga estabilizar el capitalismo e imprimirle un nuevo desarrollo.
Por tanto, el fracaso de los planes económicos de la burguesía argentina, la imposibilidad de estabilización y resurgimiento económico por varios años que se desprende del análisis de la economía nacional, indica que las posibilidades de la lucha revolucionaria encontrarán enorme sustento a lo largo de los próximos años, que el tiempo ha empezado a correr a favor de las fuerzas revolucionarias.
El factor subjetivo en la crisis económica
Es necesario recordar aquí también la tesis marxista - leninista del papel del factor subjetivo, es decir del papel de las organizaciones revolucionarias, reformistas y contrarrevolucionarias en relación a la crisis económica.
Con la economía en crisis y las masas movilizadas, las fuerzas de la reacción burguesa, sólo pueden iniciar el camino de la recuperación del capitalismo, después de contener o aplastar la lucha popular. Porque cualquier intento de estabilización y desarrollo, de "reconstrucción y despegue" como le llama la camarilla gobernante, requiere un gran aumento de la productividad del trabajo, es decir un gran aumento en la explotación de la mano de obra, y ello es imposible sin frenar a las masas con el engaño y la represión.
Con fuerzas revolucionarias activas y organizadas es imposible detener la lucha popular como lo demostró Vietnam desde 1930 a 1975, durante 45 años que pasaron en constante movilización revolucionaria sin ningún periodo de estabilización capitalista. Ello se debió fundamentalmente al accionar del Partido de los Trabajadores de Vietnam que con correcta línea político-militar vertebró la masiva, constante y consecuente lucha del pueblo vietnamita.
En cambio, la inexistencia o fragilidad de las fuerzas revolucionarias y el predominio del reformismo o la contrarrevolución, tiende a debilitar y agotar la lucha de masas, a frenarla y desviarla en el caso de predominio reformista, o a imponerle derrotas sangrientas y hasta el aplastamiento militar, en el caso de predominio contrarrevolucionario, abriendo en ambos casos para el enemigo posibilidades reales de reconstrucción y desarrollo.


Parte del documento Economía y Política, publicado en 1975.


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Las grandes tareas de la Resistencia
Como ya señaló nuestro Partido, al anticipar acertadamente la decisión golpista de los militares? y como lo comprueba claramente por el programa y medidas de la Junta, la aventura iniciada por la oficialidad contrarrevolucionaria, constituye una declaración formal de guerra a la clase obrera y al pueblo argentino, e inicia por tanto la etapa de la guerra civil generalizada en nuestro proceso revolucionario.

En esta situación, con el programa de la resistencia antidictatorial, antiimperialista y socialista, tenemos por delante grandes y fundamentales tareas. Con eje en el proletariado fabril, intensificando la concentración del trabajo revolucionario en las grandes fábricas, debemos luchar por movilizara las más amplias masas por todo tipo de reivindicaciones. Por los problemas específicos de las fabricas, de barrios y villas, del campo, de los colegios y universidades, de los jóvenes y las mujeres; en solidaridad con los presos; en defensa de los derechos humanos y democráticos, etc., etc.. y hacer confluir toda esa movilización en la formación y desarrollo del Frente Antidictatorial, Democrático y Patriótico.

En el terreno militar la consolidación y desarrollo del Ejército del Pueblo, el fortalecimiento de las unidades existentes y la creación de otras nuevas. El impulso a la autodefensa de masas. El trabajo de proselitismo militar en las unidades enemigas dirigido fundamentalmente a neutralizar el personal de soldados y suboficiales.

Con nuevas condiciones favorables, debemos intensificar y ampliar considerablemente nuestra actividad internacional, Luchar por el aislamiento de la Dictadura, impulsar la solidaridad internacional con la justa causa de nuestro pueblo. Y hoy más que nunca, la principal de nuestras tareas, la que garantizara avances consistentes en todos los aspectos de la actividad revolucionaria, es la construcción del Partido, su consolidación y desarrollo, su fortalecimiento incesante. El enraizamiento en la masa, la moral y el heroísmo, la combatividad, precisión de línea, capacidad organizativa y dominio de la profesión revolucionaria son virtudes y aspectos de nuestro Partido que debemos cultivar con esmero para que crezcan, florezcan y fructifiquen con máximos resultados.

La nueva y decisiva etapa en que nos internamos, coloca a nuestro Partido en un escenario histórico. Grande es nuestra responsabilidad colectiva y más grande aún debe ser nuestra conciencia, nuestro valor y nuestra determinación de vencer.

Estrechamente unidos en torno al Comité Central, siguiendo el elevado y poderoso ejemplo de nuestros héroes y mártires, los militantes del PRT cumpliremos cabalmente y con honor nuestras misiones revolucionarias.





Del texto Argentinos ¡A las armas! Documento del PRT a la Nación Argentina, por Mario Roberto Santucho. Redactado: Marzo de 1976.